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MITOS Y REALIDADES SOBRE LA
VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
Con este material Mujeres al Oeste se propone contribuir
a develar algunos de estos mitos, como aporte al debate
racional y realista y a la defensa y ejercicio de los derechos
humanos de las mujeres.
Mito: La violencia contra
las mujeres, cuando sucede al interior de la familia, es un
problema del ámbito privado, y por ende, nadie debe meterse.
Realidad:
Considerar la vida familiar como "ámbito privado"
invisibiliza la magnitud del problema y perpetúa la
violencia.
Las mujeres maltratadas sienten que traicionan a su pareja y a
su "familia", cuando cuentan a alguien lo que les
pasa o cuando piden ayuda, porque hacen público lo que
consideran privado.
Por otro lado, reducir la violencia contra las mujeres al
ámbito privado impide que la sociedad en su conjunto se haga
cargo del problema.
Terminar con la violencia contra las mujeres es
responsabilidad de todos y todas.
Mito: Los casos de
violencia contra las mujeres al interior de la familia no
representan un problema de gran magnitud.
Realidad:
En Argentina en 1 de cada 5 parejas hay violencia. En el 42%
de los casos de mujeres asesinadas, el crimen lo realiza su
pareja. El 37% de las mujeres golpeadas por sus esposos lleva
20 años o más soportando abusos de ese tipo. Según datos
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el 54% de las
mujeres golpeadas son agredidas por sus maridos o parejas. El
30% denuncia que el maltrato se prolongó más de 11 años.
Si bien estas cifras son contundentes, representan la punta
del iceberg, pues, como la violencia doméstica o
intrafamiliar es considerada un problema privado, pocas veces
se denuncia.
Las estadísticas oficiales son escasas o nulas pues no se le
ha dado la debida importancia al registro de estas
situaciones.
Según información del BID se estima que el 25% de las
mujeres argentinas es víctima de violencia y que el 50% va a
pasar por alguna situación violenta en algún momento de su
vida.
Mito: La violencia contra
las mujeres es un problema de las clases sociales más pobres.
Realidad:
Según datos oficiales de la Dirección de Políticas de
Género de la Provincia de Buenos Aires un 70% de las
denuncias recibidas por violencia familiar son de la clase
media.
Siete de cada 10 mujeres que se presentaron como víctimas de
agresiones
domésticas tienen un buen pasar económico.
Mito: Las mujeres
golpeadas se quedan porque les gusta que les peguen.
Realidad:
A ninguna mujer le gusta ser golpeada ni humillada. Esta es
una interpretación simplista, propia de una sociedad
patriarcal y machista que considera a las mujeres
"culpables de todo lo que les pasa" y/o
"masoquistas" porque se quedan al lado de los
golpeadores. Las mujeres maltratadas sufren una
desvalorización constante y un aislamiento por parte de sus
agresores que les impide utilizar los escasos recursos que
podrían llegar a tener. Por otra parte, la violencia física
o emocional generalmente va acompañada de la económica, por
lo cual las mujeres no manejan dinero, aún cuando ellas
trabajen y ganen su propio salario.
Mito: Los hombres
violentos son enfermos o adictos y por eso golpean a las
mujeres.
Realidad:
Los hombres violentos pueden o no ser enfermos o adictos, pero
su violencia no se debe a su enfermedad o adicción. Las
drogas, el alcohol y/o las enfermedades pueden agudizar los
comportamientos violentos, pero de ninguna manera los
originan.
La violencia contra las mujeres es producto de las relaciones
asimétricas de poder entre hombres y mujeres. Los hombres
violentos se consideran propietarios de sus parejas y esposas,
pues se hacen cargo de estructuras socioculturales
patriarcales transmitidas y sostenidas a lo largo de la
historia.
Tratar a los violentos como enfermos justifica su violencia,
principalmente cuando el problema llega a la justicia.
Golpear es un delito que tiene un responsable: el golpeador.
Mito: Cuando un hombre
maltrata a su pareja las cosas pueden cambiar con una buena
terapia de pareja.
Realidad:
Si entendemos a la violencia contra las mujeres como una forma
abusiva de ejercicio del poder es fácil deducir que en una
terapia de pareja así como en una mediación es imposible que
las mujeres puedan manifestar su malestar y mucho menos contar
lo que les sucede delante de las personas que las maltratan
y/o las golpean.
Los golpeadores/maltratadores ejercen, mediante amenazas e
intimidaciones, dominio emocional sobre sus víctimas que
hacen imposible que puedan romper el silencio delante de
ellos.
Mito: Las mujeres son
maltratadas y/o golpeadas porque se lo merecen.
Realidad:
Nadie tiene derecho a ejercer violencia sobre otra persona.
Pensar que las mujeres "merecen" el maltrato y/o los
golpes es culparlas por la violencia que sufren. Este es el
argumento que utilizan los victimarios para justificar su
violencia, de tal manera que las víctimas sientan que
hicieron algo que los "provocó". Repetirlo
socialmente es una forma de trasladar la culpa del victimario
a la víctima, impidiendo que ésta última reconozca la
violencia que padece.
Mito: La violencia física
es más grave que las otras violencias que sufren las mujeres
(emocional, sexual, económica o social)
Realidad:
La violencia física es la más visible, pero no es más
dañina que la emocional, la económica, la sexual o la
social.
La violencia emocional que es sostenida en el tiempo, (en la
mayor parte del mismo invisibilizada por la víctima) produce
daños psíquicos difíciles de resolver sin ayuda
terapéutica. Las mujeres que sufren violencia emocional
tienen su autoestima muy baja debido a la continua
desvalorización que sufren de sus parejas.
Considerar la violencia emocional menos grave que la física
es negar que las emociones y los sentimientos son parte de una
persona.
De la misma forma, minimizar la gravedad de la violencia
sexual es ignorar que la misma es una agresión que atenta
contra la integridad física y psíquica de las mujeres,
disminuye su autovaloración y les trae severas consecuencias
para la salud y para disfrutar de la sexualidad.
La violencia económica así como la social también resienten
la salud de las mujeres que las padecen, pues les coartan su
autonomía y bajan su autoestima.
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