|
“Andrea
está viva”
Fuente:
Indymedia
Género; Por Zula ((i)).- 9/9/08
Julia
Ferreira es una mujer de contextura pequeña, de aspecto
frágil. Su
voz es calma. Sus palabras sencillas. Julia es una luchadora,
sin prensa, sin grandes medios. Sabe que por delante tiene una
pelea titánica. Lenta. Agotadora. Frustrante. Ella, busca a
Andrea Noemí López, su hija. Al momento de su desaparición
tenía 24 años y hace 6 años que nada se sabe de ella.
Julia Ferreira
es una mujer de contextura pequeña, de aspecto frágil. Su
voz es calma. Sus palabras sencillas. Julia es una luchadora,
sin prensa, sin grandes medios. Sabe que por delante tiene una
pelea titánica. Lenta. Agotadora. Frustrante. Ella, busca a
Andrea Noemí López, su hija. Al momento de su desaparición
tenía 24 años y hace 6 años que nada se sabe de ella.
Andrea vivía en
pareja con Víctor Manuel Purreta, campeón argentino de
boxeo, en Santa Rosa, La Pampa. Algunos medios lo calificaban
como “elegante boxeador” o “hábil en los contragolpes”.
Purreta, además es un proxeneta, un rufián, un fiolo, un
vividor. Obligaba a Andrea, mediante violencia y tortura, a
ejercer la prostitución en la ruta, o en un prostíbulo que
tenía con un socio en Pehuajó. Un día, para convencerla, la
ató al paragolpe de su camioneta arrastrándola por la calle.
Era frecuente verla con el rostro desfigurado. La violencia de
Purreta no se descargaba solamente en Andrea, a veces tomaba
al hijo de ambos, y lo sumergía en un recipiente de 20
litros, lleno de agua fría. Andrea, ante semejante
bestialidad no podía negarse. Entonces, se paraba en la ruta
y ofrecía su cuerpo. Julia asegura que si hija, siempre quiso
escapar de él, pero no supo como. “Andrea no me llamaba
mucho, porque yo no estaba de acuerdo con lo que el tipo la
hacia hacer, no la dejaba verme. Entonces ella a veces se
escapaba de la ruta y venia a mi casa, estaba algunos días y
él aparecía, le prometía que no la iba a obligar más a
prostituirse y la terminaba convenciendo. Después, la
golpeaba, le desfiguraba la cara y la llevaba a la ruta de
nuevo.”
La historia de
Andrea es una muestra de la violencia cotidiana a la que son
sometidas muchas mujeres y niñas. En esta historia de
vulnerabilidad, no hay una única victima, como tampoco un
único victimario. La violencia no sólo la ejerce quien da el
puñetazo, el grito, la palabra descalificadora, también la
ejerce el estado ausente. La justicia injusta y patriarcal. La
sociedad que naturaliza la prostitución y los hombres que
están dispuestos a pagar por el cuerpo de una mujer.
Julia vio por
última vez a Andrea, el 8 de febrero de 2004, presume que la
desaparición ocurrió entre el 9 y el 10 de ese mes, por la
madrugada. La causa por su desaparación esta parada. Nadie la
busca, salvo ella. “Para la justicia, Andrea, hizo abandono
de hogar. Como no hay un cuerpo, ella se fue por su propia
voluntad.” Julia no recibe ningún tipo de ayuda estatal,
sólo la que le dan algunas organizaciones feministas e
indivudos, que apenas sirven para costear los gastos de sus
viajes a Buenos Aires. En una oportunidad, cuando la madre de
Marita Verón estuvo en La Pampa se acercaron del gobierno
provincial para ofrecerle ayuda, pero nunca llegó. “Lamentablemente
no puedo hacer mucho, por Andrea, soy viuda hace 11 años y
tengo que trabajar para mantener a mi otra hija de 19 años y
a mi nieto. Todo el día trabajo limpiando casas. Mi nieto
esta con atención psicológica particular y soy yo quien la
paga. No tengo la posibilidad de dedicar un día a la
búsqueda de mi hija. Pero cuando puedo y me pagan el pasaje,
porque sino no podría ir a ningún lado, trato de estar
presente aunque sea en las marchas.”
La tarea de
Julia no se limita a buscar a su hija, sino que debe ayudar a
su nieto a reconstruir su corta vida. Así, frontal como es,
le explica que su mamá puede estar viva, pero también
muerta. “A mi nieto no le miento. Le digo que la estoy
buscando. Siempre que viajo le digo que voy a buscar a su
mamá y le explico que existe la posibilidad de que la
encuentre muerta. Cada vez que viajo él se ilusiona pensando
que puedo volver con la mamá. Hay noche que llora mucho, la
extraña. Lo van a derivar para tratarlo acá, en Buenos
Aires, porque allá no hay profesionales preparados para
atender un caso como el de él. Mi nieto también sufrió la
violencia y vivió en la violencia, vio como su padre golpeaba
a su madre.”
Desde hace 7
meses, Julia, tiene la custodia de su nieto, luego de una
larga pelea judicial. Purreta, goza de un régimen de vistas
otorgado por una jueza de menores sin que pese, al parecer,
sus antecedentes penales y violentos. Tampoco esta obligado a
entregar una cuota alimentaria. Se lleva al pequeño de 9
años, los sábados y lo entrega los domingos por la noche.
“Mi abogada y yo pedimos que se le haga un test psicológico
para saber si esta en condiciones de tener al nene. Según el
informe del psicólogo de la cárcel tiene reacciones
violentas, mi miedo es que golpee a mi nieto. También quiero
iniciarle un juicio por alimentos, pero en este tramo del
juicio por la tenencia no puedohacerlo, porque no tengo dinero
para pagarle a la abogada”.
Purreta no es
sospechoso por la desaparición de Andrea, a pesar de haber
sido condenado, a cinco años de prisión, por obligae a
prostituirse a Andrea, bajo amenaza e intimidación.
Actualmente esta en libertad condicional por este delito. Él
le dijo a los jueces, que estaba dormido cuando desapareció
Andrea. Según sus dichos, él estaba con dos amigos y se fue
a dormir. Mientras dormía, Andrea lo despertó porque quería
hablar con él, le pido a sus amigos que se fueran, pero ella,
luego, se negó ha conversar. Purreta dice que se volvió a
dormir y que entre sueños escucho que sus amigos volvieron y
después no supo más de Andrea.
Sin embargo,
Julia cree otra cosa: “Como madre creo que Andrea está
viva. Purreta la entrego por deudas, porque él estaba
vinculado con el narcotráfico. Para mi él la quiso convencer
de que se fuera con esos tipos y como ella se negó la obligó
y la entrego a sus supuestos amigos.”
mariposas.linefeed.org/index.php
|