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Artículos |
Romper el silencio
Boletín del Centro Socioteológico Dr. Martín Luther King Junior Nª35 Año 2003
Marianao - La Habana - Cuba
Idania Trujillo
La teóloga y feminista argentina, Marcela Bosch, invitada por el Programa de Reflexión Socioteológica de nuestro Centro, impartió recientemente el taller: ¿Qué hiciste con tu hermana? Una mirada ética feminista hacia la violencia ejercida sobre mujeres, al que asistieron 52 mujeres de siete denominaciones y de diez provincias del país; además de otras mujeres del Centro Lavastida, la Pastoral de la Mujer de la Fraternidad, la IBEM y una tallerista de Educación Popular.
Además de excelente conversadora, Marcela, es una mujer con los pies en la tierra. Desde hace años desarrolla investigaciones, imparte talleres y conferencias sobre la mujer tanto en Lectura Popular de la Biblia como en Teología. Es, además, educadora sexual, y desde ese espacio, colabora con diferentes ONGs, e instituciones religiosas y estatales de Argentina y otros países latinoamericanos y europeos en el tópico de abuso sexual y violencia. Ella se reafirma como "mujer, blanca y feminista", sobre todo porque piensa que "la teología se hace desde el contexto en que se vive".
¿Sobre qué presupuestos Ud. se planteó este taller?
Marcela Bosch (MB): ¿Qué hiciste con tu hermana?, plantea un desafío ético desde la propia pregunta; en nuestras comunidades cristianas se mira a la violencia como algo que está "afuera"; sin embargo quienes trabajamos este tema en muchos países latinoamericanos y también en Cuba, sabemos que este fenómeno está "adentro", en la casa y que se ejerce de los más fuertes a los más débiles. Cuando yo digo ¿qué hiciste con tu hermana? En realidad estoy parafraseando a Dios cuando le dice esta misma frase a Caín. Dios no le pregunta a la víctima qué hizo, le pregunta al victimario. Tiene una clara posición ética; acusa
al victimario, se compadece misericordiosamente con la víctima y no deja en silencio una situación que, además de un delito, es un pecado.
¿Cómo podría definir la violencia?
MB: Es una violación de los derechos humanos de la mujeres, es todo abuso psíquico, emocional y físico. A veces pensamos que un insulto, un silencio y abuso sexual dentro de la pareja trae solamente violencia psicológica; pero nosotros somos "una misma persona" y todo lo que nos pasa redunda en nuestro cuerpo. Se empieza por un insulto, se sigue con un silencio, y se llega a un deterioro constante de la víctima que puede llegar a la muerte porque la víctima está absolutamente desintegrada en su autoestima… En las comunidades, muchas veces, se pregunta por qué las mujeres dejan que las golpeen; lo que no se ve es qué se hizo en esas comunidades para que las mujeres fueran obedientes, sumisas, culpadas-culposas, que su rol materno es el sacrificio, que la cruz es la única manera de salvación… De modo que la pregunta ¿qué hiciste con tu hermana?, apunta directamente a las comunidades, a los pastores, a los varones y a las mujeres y las respuestas, en todo caso, están dirigidas a nuestras teologías que crean imaginarios sociales donde a la mujer no le queda otra alternativa que inmolarse.
Toda violencia es un ejercicio de poder, ¿es cierto?
MB: Desde hace algún tiempo este tema está sometido a un abordaje ecológico, es decir, hablamos de un macrosistema que sustenta, con una ideología patriarcal, la violencia de los más fuertes hacia los más débiles, ahí se ve, muy claramente el poder; donde no sólo es el varón sobre la mujer si no el blanco sobre el negro, el país del norte sobre el del sur, los ricos sobre los pobres… Luego, está un exosistema que serían las instituciones -imbuidas de esta ideología patriarcal- hacen una
"correa transmisora", llámese escuela, universidades, iglesias, medios de comunicación…Y ese exosistema alimenta y crea la subjetividad de niños y niñas. A una niña que le decimos siempre que tiene que ser obediente, que es culpada-culposa, gracias a Génesis 13, que su único rol es la maternidad, que tiene que sacrificarse y mirar hacia los otros, que el príncipe azul es el que le va a solucionar todos los males de su vida…pues la estamos educando en estereotipos de géneros, preparándola para ser una mujer maltratada. Por otra parte, a un niño que le decimos que nunca puede esperar, ni sexual, material ni psicológicamente, que sus necesidades tienen que ser cubiertas al instante, que nunca tiene que mirar a otro, que tiene que ser cuidado constantemente y que la única manera de ser macho es imponerse por la fuerza, lo estamos criando para que la única manera de resolver sus
conflictos sea por la violencia.
¿Qué deja este taller en el ámbito de las comunidades religiosas para las mujeres cubanas?
MB: Lo más interesante es que se partió de la experiencia de las propias mujeres. Pudimos preguntarnos -con los marcos teóricos específicos- cómo responder e intentamos, y esa es la esperanza que nos deja el taller, devolver a nuestras comunidades una mirada nueva hacia las mujeres. En estos días, muchas llegaron al taller pensando en las otras y en realidad se dieron cuenta que ellas eran las primeras que tenían que deconstruir la violencia existente en sus propias casas…
¿Cuáles serían las formas, los posibles métodos para prevenir la violencia sobre mujeres?
MB: En la medida que trabajemos con las y los jóvenes desde la casa, las comunidades eclesiales, la familia, y el resto de las
instituciones, podemos prevenir este fenómeno que va en aumento y no termina sólo con la persona, con la oración sino con un compromiso firme de y desde la comunidad con la víctima.
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