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La
elección (no) libre
De
P. 12, Sup. Las 12
1/7/05
En
los últimos años, el número de cesáreas ha crecido hasta
alcanzar el 35
por ciento de los nacimientos en los hospitales públicos de
Latinoamérica,
aunque los motivos para decidir este tipo de intervención no
siempre
obedecen a razones médicas, ni respetan las decisiones de las
parturientas.
¿Cuál es el debate entre profesionales de la salud, en
momentos en que
intenta imponerse el concepto de "cesárea a
demanda"?
Por
Sandra Chaher
Estamos
preocupados: ha cambiado la forma de nacer", señalaba
hace unos
meses el médico argentino José Villar, director de Salud
Materno Perinatal
de la OMS en Ginebra, cuando presentaba en Buenos Aires los
resultados de
una investigación en la que se registró un altísimo
porcentaje de cesáreas
en ocho países de la región: el 35 por ciento de los bebés
nace por cesárea
y las cifras se duplican en el sector privado. Mientras en los
hospitales se
hacen un 25 por ciento de intervenciones, en las clínicas y
sanatorios se
llega al 50 por ciento. Estas cifras son válidas para la
Argentina, México,
Cuba, Nicaragua, Chile y Perú, que tienen valores promedio
comparados con
Brasil (30% de intervenciones) y en el otro extremo Ecuador y
Paraguay
(40%). Frente a estos datos -aparentemente los más altos del
mundo-, Villar
admitió que nos encontramos ante un "cambio médico,
social y cultural
establecido en el patrón de nacimientos". Y acá es
cuando las explicaciones
para tan altos indicadores se dividen en "factores
médicos y no médicos", lo
cual es engañoso porque las indicaciones médicas para
realizar una cesárea
la mayoría de las veces no son más que la suma de
indicaciones erróneas de
rutinas previas que terminan no dejando otra vía de
resolución del problema
que no sea una intervención quirúrgica. "El caso
típico, que se repite en la
mayoría de los casos en el ámbito privado -señala la
obstetra Claudia
Alonso, asesora médica de Dando a Luz, una organización no
gubernamental que
trabaja por el parto humanizado y respetado-, es una
embarazada que va a la
consulta en las últimas semanas con 3 centímetros de
dilatación. Tiene
contracciones cada tanto, y así podría estar una o dos
semanas más. Pero el
médico la manda a internarse. La partera la recibe y de
rutina le hace un
enema, le pone un goteo con ocitocina y el monitor para el
bebé. Por la
ocitocina, empieza a tener de la nada contracciones muy
intensas como si
estuviera en trabajo de parto. Y entonces puede que el cuello
del útero
empiece a dilatar como puede que no. Si dilata, quizá zafe de
una cesárea.
De todas formas, cuando llega a los 5 centímetros le rompen
la bolsa para
que el bebé baje. Esto le genera contracciones más fuertes,
pero lo que
importa es que el parto sea rápido y con esta maniobra lo
aceleran. A partir
de ahí empiezan las alteraciones que detecta el monitor. Al
haber impactado
contra el cuello del útero, o por la presión del cordón
alrededor del cuerpo
porque está en un espacio más comprimido, el bebé empieza a
tener
alteraciones en los latidos que no siempre son concluyentes.
Los médicos lo
saben, pero tienen miedo y entonces, en vez de esperar un
poco, ordenan una
cesárea. Estoy hablando de los casos mejor intencionados,
porque también hay
cosas tan perversas como decirle a una mujer que se le está
induciendo el
parto y nunca ponerle ocitocina al suero, con lo cual nunca
dilata y se le
dice que va a cesárea por falta de dilatación."
En un trabajo reciente sobre el alto índice de cesáreas en
la Argentina y
América latina, el médico Fernando Althabe, miembro del
CentroLatinoamericano de Perinatología (CLAP) -centro oficial
de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) para la
investigación de los
temas perinatales-, concluye: "La causa principal de la
tasa actual de
cesáreas depende de la indicación del médico,
independientemente de lo que
la mujer piense. La forma de trabajo en el sector privado
impulsa esta
conducta, que luego es tomada como modelo y proyectada al
sector público.
Desde un punto de vista de salud pública, esta situación es
probable que
genere más perjuicios que beneficios, resultando en una mayor
morbilidad y
mortalidad materna y perinatal, además de un incremento
injustificado de los
costos directos. La comunidad obstétrica y los trabajadores
de la salud en
general deben identificar esta situación como un problema de
salud y
oponerse activamente a liberalizar el uso de la cesárea más
allá de
indicaciones médicas justificadas."
¿Recursos?
La cesárea es una operación quirúrgica de alta complejidad.
Los avances
científicos la hicieron menos riesgosa, pero no deja de tener
consecuencias
para la mujer. En su estudio, Althabe señala: "Comparada
con el parto
vaginal planificado, la cesárea planeada se asocia con más
muertes maternas,
más recién nacidos con morbilidad respiratoria, mayor
frecuencias de daño
vesical y ureteral, y de dolor abdominal post-parto y más
histerectomías.
También se asocia con menor incontinencia urinaria y dolor
perineal. Hay que
agregar que en futuros embarazos se asocia con más muertes
fetales,
placentas previas y roturas uterinas". A esto habría que
sumarle las poco
investigadas, pero muy presentes, consecuencias psicológicas
y emocionales.
La mayoría de las mujeres que pasan por una cesárea no
justificada siente
frustración y temor de que el siguiente hijo deba nacer de la
misma manera.
"Yo creo que con el argumento de los menores riesgos
quirúrgicos que
conlleva hoy la cesárea, se cayó en una banalización del
tema -reflexiona
Alonso-. Al ser más segura, se le quita importancia, pero
sigue tratándose
de una operación de alta complejidad con consecuencias. Por
otra parte, creo
que lo fundamental es evitar la primera cesárea, porque eso
condiciona los
siguientes embarazos. Pero justamente las madres primerizas
son las más
manipulables con la información, confían ciegamente en el
obstetra." El
obstetra y ginecólogo Mario Sebastiani -médico de planta del
Hospital
Italiano, director de la Asociación Argentina de Ginecología
y Obstetricia
Psicosomática, y defensor de derechos humanos fundamentales
de las mujeres
como el derecho al aborto- es uno de los que promueve la
realización de
cesáreas, argumentando no sólo razones médicas. "No
hay una cifra hoy que
diga cuál es el índice correcto de cesáreas. La OMS, que
tradicionalmente
habló del 15 por ciento, está diciendo que ese índice no
tiene evidencia
científica. Lo cierto es que no se sabe y debe estudiarse. La
OMS lo está
haciendo, el Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología
también. Lo que
sí está claro es que hoy la cesárea ha dejado de ser la
herramienta que se
utiliza cuando el intento del parto vaginal ha fracasado: hoy
se opera
porque los niños son pequeños, porque se piensa que es un
macrosómico y el
parto podría ser dificultoso, porque el bebé está en
posición pelviana, o
cuando se está frente a un parto múltiple. Lo que habría
que investigar
científicamente es si existen diferencias en la mortalidad y
morbilidad
maternas. Si no hay diferencias, es difícil decir si un tipo
de parto es
mejor que el otro." Según las investigaciones del CLAP,
la balanza se
inclina claramente a favor del parto vaginal, pero quienes,
como Sebastiani,
defienden la realización de cesáreas y justifican los altos
índices
actuales, esgrimen argumentos como la "cesárea a
demanda" y la cuestión
ética.
"La 'cesárea a demanda', como causa de las cesáreas en
la Argentina y en
Latinoamérica, es probablemente anecdótica -señala Althabe-.
En
unainvestigación que realizamos en el 2000, en hospitales de
cinco países de
América latina (Argentina, Brasil, Cuba, Guatemala y
México), entrevistamos
a 3600 mujeres que habían recibido una cesárea. A la
pregunta de qué tipo de
parto preferían mientras estaban cursando el embarazo, sólo
14 por ciento de
las mujeres en la Argentina contestaron que preferían una
cesárea, y entre
el 10 y 20 por ciento fue la respuesta en los otros cuatro
países. Y si bien
podría argumentarse que se trata sólo del sector público,
los partos
atendidos allí representan más del 70 por ciento de los
nacimientos en la
Argentina y, por otro lado, no hay evidencias relevantes de
que las mujeres
que se atienden en el sector privado piensen en forma muy
diferente." Si se
hacen intervenir cuestiones éticas, el debate se complejiza
porque las
estadísticas son insuficientes.
"La cesárea está pasando a ser una opción en la
terminación de los
nacimientos sin que la bibliografía científica justifique
que sea necesario
desde el punto de vista científico: no han aumentado las
patologías que
requieran de cesárea. Indudablemente están jugando otros
factores 'no
médicos' en esta decisión -concluye la obstetra María
Mohedano, jefa del
Departamento Perinatal del Hospital Nicolás Avellaneda de la
provincia de
Tucumán-. En el Avellaneda, que atiende 4 mil partos por
año, tenemos un 10
por ciento de cesárea. Esto cobra especial relevancia en el
caso de una
provincia pobre, ya que es un indicador de que la pobreza no
lleva
necesariamente a culminaciones de los embarazos más riesgosas
y por lo tanto
con más indicaciones de cesáreas. Los resultados del informe
de la OMS son
graves en la medida en que nos ponen frente a un problema de
salud pública
de primer orden. A corto plazo tendremos consecuencias que ya
estamos
observando: cesáreas seguidas de cesáreas, roturas uterinas,
aumento de la
morbilidad neonatal, incremento de la mortalidad materna, mala
inserción
placentaria, etcétera. Creo que esto es la punta de un
iceberg en la base
del cual hay un modelo de atención de la salud que debería
ser modificado.
Si mi conducta médica es de respeto, validando los derechos
de las mujeres,
de ese niño a nacer sin conductas intervencionistas, sin
inducciones de
parto, con acompañamiento en la sala de parto, con partos
verticales, los
índices de cesáreas serían mucho menores."
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