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Mujeres al Oeste

 

Mujeres al poder
EULÀLIA SOLÉ - LA VANGUARDIA de Catalunya 13/01/2006

El Gobierno de Noruega ha dado un paso más en la corrección de un flagrante contrasentido, el que se produce cuando en la escuela las chicas son más listas y aplicadas que los chicos y luego resulta que quienes dirigen el mundo son ellos, y bastante mal, por cierto. Quizás ellas no lo harían mejor, pero el caso es que, hasta el momento y salvo escasas excepciones, no han tenido ocasión de demostrar sus aptitudes. Por lo demás, dichas excepciones se dan en el seno de un universo masculino que las fagocita con la condición de que no se salgan de su órbita.

En el citado país nórdico, una de las primeras medidas en pro de colocar a las mujeres en órganos directivos proviene del año pasado, cuando desde el mes de enero del 2005 el 40% de los altos cargos en la Administración pública deben ser ocupados por mujeres. Ahora le ha tocado el turno a la empresa privada, que debe hacer lo propio o exponerse a sanciones que incluso pueden conducir a su cierre. Expuestos los términos, surgirán las voces que proclaman la inconveniencia de promocionar según el sexo y no según el talento. Sofisma evidente si se tiene en cuenta lo dicho: que en los estudios la inteligencia y dedicación femeninas son tan buenas o mejores que las masculinas. Así pues, los factores que han conducido a la discriminación negativa de la mujer en los órganos de poder políticos, empresariales, educativos son de orden sociológico. Desde la reproducción del sistema de poder, siempre en manos masculinas, hasta la inhibición de los hombres en cuanto a las responsabilidades de carácter doméstico. La arcaica división del trabajo entre ambos sexos sigue vigente en mayor grado del que la opinión pública desea creer.

Este año, los Reyes Magos habrán traído grúas y camiones de juguete a bastantes niñas, pero ¿cuántos niños habrán recibido muñecas o cocinitas?

Aquí gozamos de paridad en el Gobierno central, en algunos entes públicos locales y en algunas candidaturas de partidos políticos. Decisiones que nunca dejan de levantar polémica, mientras que la presencia absoluta de hombres en un consejo de administración se juzga normal. Hace pocos días, el BBVA nombró a su nuevo equipo directivo, compuesto por 18 hombres. La fotografía del grupo aparecía, impactante, en la prensa. Seguros, poderosos, símbolo de la excelencia. Cuando el ejemplo de Noruega se extienda a nuestro país, la mitad de estos y otros magníficos tendrá que ceder su puesto, en tanto que el resto deberá bajar de su pedestal y compartir las labores del hogar. No sabemos si de inmediato mejorará la economía, desaparecerán los paraísos fiscales, dejarán de existir videojuegos violentos. Un 40% respecto de un 60% no garantiza cambios importantes, pero sí que les abre la puerta.

Cierto que no todas las mujeres son ángeles, pero la mayoría sí son capaces de seguir entregadas a los demás en medio de las más importantes reuniones. En 1990, la diputada Christine Heindl escandalizó a los parlamentarios austriacos al asistir a las sesiones con su bebé, y en especial al desabrocharse para darle el pecho. Cabe suponer que, transcurridos 15 años y con un mayor número de mujeres en los escaños, las actitudes han cambiado. Un paso adelante lo darán los hombres que concurran al parlamento o a los consejos de empresa con sus retoños y el biberón o la papilla. Para esto quizás será necesario trastocar los porcentajes y que el 60% corresponda a las mujeres, siendo ellos los fagocitados hacia un sistema más benigno.
E. SOLÉ, socióloga y escritora