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La siguiente Ponencia se presentó en la
Cátedra Libre de
Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el día 16 de mayo del 2003 en la mesa “Mandatos y deseos,
sexualidades y derechos al cuerpo”.
¡Cuerpos Tomados!
(Una mirada desde la ética
feminista a los cuerpos
de jóvenes embarazadas de
sectores populares).
La mirada de los imaginarios
En Oriente y hasta mediados del siglo XX a las niñas
chinas se les vendaban los pies, la sociedad donde habían nacido hasta hace
muy poco tiempo atrás sostenía desde su imaginario social acerca de las mujeres,
que los pies pequeños tenían un valor altamente erotizado. Los dispositivos
de control sobre el cuerpo de las mujeres, por generaciones y sin ser cuestionados,
se adecuaron a dicho imaginario.
En la Argentina del 2001 los esfuerzos de una adolescente
se orientarán a lograr que sus caderas quepan en un pantalón extra small, talle
que el imaginario social que campea en nuestra sociedad instituye como el ideal
para cualquier joven que desee conquistar no sólo el amor, sino también un puesto
de trabajo, así como también la estima de sus colegas.
Una joven de sectores populares de 16 años reunida junto a otras jóvenes
embarazadas expresa la diferencia entre ella y el padre de su hijo: -¡Ellos
se van y vienen, no tienen el bebé en el cuerpo; nosotras lo tenemos aquí todo
el tiempo!-señalando su panza- No te podés rajar.[1] Marisa se encuentra apresada en un imaginario que
la instala en el lugar de un mero útero incubador, y que por otra parte, le
otorga a los padres biológicos libertad de acción para asumir o no su responsabilidad[2].
Los ejemplos mencionados nos
hablan de la existencia de un imaginario social acerca de la construcción de
“lo femenino” en nuestra sociedad, ellos poseen un denominador común: la mirada
que la sociedad instala sobre el cuerpo de las mujeres exiliándolas de los mismos
a edades cada vez más tempranas.
Daré a continuación un rodeo para explicar porqué sostengo
que en la sociedad occidental y cristiana los cuerpos de las mujeres desde su
más tierna infancia ¡son cuerpos tomados!
Para los filósofos Sennet y
Foucault, la sexualidad es el medio por el cual
las personas intentan ser conscientes de sí mismas a partir del poder y del
saber productores de subjetividad[3]. Este postulado supone una provocación
para quienes abordamos la ética feminista y nos convoca, implementando la hermenéutica
de la sospecha, a interrogarnos sobre nuestra propia sexualidad, así como también
a abrir nuestro horizonte de comprensión, hacia la manera en que las sexualidades
se relacionan con la sociedad patriarcal.
La corporeidad se ha constituido
en un tema prioritario en la agenda de la teología feminista, se la utiliza
como clave de lectura de los textos bíblicos, y como clave de interpretación
de la teología sistemática. Desde ambas miradas se pretende de-construir una
lectura unilateral del cuerpo-sexo, que históricamente en el CORPUS cristiano
ha subestimado la corporalidad, allí donde se anuda el devenir de nuestra especie
y nuestra verdad como seres humanos.
Claude Bruaire afirma que el
cuerpo se concibe según como se conciba a Dios y nos explica:
Todo enfoque del cuerpo
implica una elección filosófica y hasta teológica y viceversa.
Se oscila a partir de ello entre la condenación o denuncia del cuerpo, considerado
como cortina, obstáculo prisión o tumba, o bien como medio de liberación individual
y colectiva por otro lado, y la exaltación o apología del cuerpo entendido como
órgano de goce, instrumento polivalente de acción, de creación fuerte y arquetipo
de belleza, catalizador y espejo de las relaciones sociales, en suma, como medio
de liberación individual y colectiva.[4]
La vigilancia que la sociedad
ejerce sobre los cuerpos no es inocua, genera transformaciones en los sujetos,
produce verdades, marca límites espacio-temporales y señala con tremenda inexorabilidad
los errores.
Los cuerpos difícilmente escapan a un modelaje que le dicta una sociedad
que se supone detenta “el saber” acerca de las mujeres y que ejerce su poder
manejando los mecanismos necesarios para imponerse a ellas.”[5]
Como así lo demuestran los cuerpos de mujeres, maltratadas, abusadas, cuerpos
denigrados sin piedad. Estas mujeres sienten que sus cuerpos están expuestos,
sin protección alguna, dentro de una sociedad que maneja parámetros de una cultura
a la cual insiste en sostener los deseos en una relación amo/esclava.
Bajo estos imaginarios la autodeterminación es inviable para miles de mujeres
que hoy caminan en nuestros barrios de América Latina. Los mecanismos de poder-saber
se instalan con crueldad paradigmática dentro del cuerpo de las jóvenes mujeres
embarazadas de sectores populares y determinando el límite de su respuesta al
momento de vivir libremente su sexualidad[6].
Hacia una nueva mirada
La desvalorización
del contacto con el cuerpo y el control del deseo se constituye en un mal impuesto
a las mujeres desde muy niñas; si ellas acuden a las iglesias lo verán reforzado
tanto en el discurso del catecismo católico, como en la doctrina protestante.
Las jóvenes difícilmente escucharon en esos “espacios religiosos”
que un Dios de la vida las mira en su totalidad, las ama y les susurra que sus
cuerpos son para acunarlos, sanarlos, protegerlos y celebrarlos sin condiciones,
ni límites, ni prejuicios. [7]
Muy por el contrario, la sociedad
instala sobre sus cuerpos una mirada que las culpabiliza bajo tres dimensiones
que deseo subrayar: 1. los cuerpos aparecen fragmentados a la mirada eludiendo
o excluyendo algunas de sus partes. 2. por medio del lenguaje se refuerza dicha
fragmentación. 3. la mirada imprime valores cuando define zonas pecaminosas,
diferenciándolas de las zonas aparentemente “santas”.
Las tres dimensiones
mencionadas se asientan en una concepción androcéntrica del ser humano, donde
se instala a las mujeres en el lugar de lo “otro”.
Las jóvenes embarazadas con las que traté en los últimos
8 años así lo experimentan cuando introyectan la culpa y se miran con vergüenza.
Ellas pocas veces gozan de su corporeidad pero en un marco de confianza pueden
manifestar que extrañan su cuerpo de niñas y temen por su cuerpo después del
parto.[8]
El enunciado:
¡parirás con dolor!, circula en los pasillos de los hospitales, se mete en las
conciencias, estigmatiza el goce e instala el binomio placer-sufrimiento como
verdad irrevocable. Es como si tan sólo estuviera permitido hablar de mujeres
ligadas a la maldición bíblica.
Cuando el cuerpo de las jóvenes
entra en el mismo campo semántico de maternidad, adquiere un significado relevante,
se produce entonces el paso del tiempo caótico y peligroso, donde los cuerpos
de las mujeres son sólo signos de impureza, al tiempo kairológico, donde los
mismos cuerpos, según el imaginario social, se convierten en receptáculo de
lo que éste instala como puro: el hijo.
La sociedad
invisibiliza los rostros y las lágrimas de las mujeres jóvenes embarazadas,
día a día les pide nuevos sacrificios. Esta no escatima en tomar los cuerpos
cada vez más jóvenes, a fin de sostenerse y sostener un sistema por demás injusto
e inmoral.
Las teólogas Elisabeth
Moltmann,
Rosemary Ruether, Ivone Gebara, y Mary Hunt, han explicitado que nuestros cuerpos
son sagrados y deben ser considerados y tratados como tales. Éstas se apartan
al momento de elaborar su pensamiento, de una teología patriarcal y moralista
que, basada en una antropología dualista y fragmentada convierte a las mujeres
en un mero útero reproductor.
Personalmente afirmo que una
teología y una filosofía basada en una lógica patriarcal-sacrificial puede observar
la capacidad de las mujeres de dar vida y, sin escrúpulos, pensar: ¡no importa
que sea a costa de su propia vida!.
El filósofo Michel Foucault me orienta en mi búsqueda de criterios para
trabajar desde la ética feminista; en la historia de la sexualidad, particularmente
en la inquietud de sí, estudia los textos helenísticos e imperiales y concluye
que en ellos la preocupación por la ética aparece junto al deseo corporal y
el uso de los placeres. La consigna a partir de estos pensadores, sería tratar
de que el ser humano fuese su propio guardián, convirtiéndose de esta manera
en sujeto de sus propios actos.[9]
El pasaje simbólico que se inicia con la represión del cuerpo y con la privación
sensorial, tiene su origen a partir del siglo II. El cristianismo, como típica
religión redentora, minimizará el mundo y sus placeres; la tierra se presentará
sólo como un espacio transitorio, una residencia que prepara para los placeres
en el más allá. Una tarea ineludible de la ética feminista es la de de-construir
estos imaginarios subrayando que el origen de los mismos lo constituyen ideologías
exógenas al pensamiento de Jesús.[10]
En los relatos de las jóvenes
embarazadas que escuché a lo largo de mi trabajo de campo, se desvaloriza la
sexualidad, “de ella no se habla” en la familia. El sexo aparece como sinónimo
de genitalidad y unido a reproducción.
Ahora bien, si la sexualidad
no es ni conocida, ni experimentada por las jóvenes de nuestros países latinoamericanos,
¿cómo es posible el aumento del embarazo precoz en América Latina? Esta es una
de las preguntas que quienes me escuchan podrán hacerse después de lo que he
venido desarrollando en esta charla. Nuevamente Foucault me auxilia en la búsqueda
de caminos de comprensión:
Lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado
al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan destinado a hablar
del sexo siempre, haciéndolo valer, poniéndolo de relieve como el secreto...
Se plantea un imperativo, no sólo confesar los actos contrarios a la ley, sino
intentar convertir el deseo, todo el deseo, en discurso... El discurso sobre
el sexo, ya sea que tienda a romper el secreto, ya sea que mantenga su vigencia
de manera oscura, en virtud del modo mismo como hablan.[11]
Los cuerpos son tomados sin permiso, se elaboran cánones de moral sobre
ellos, se dictan leyes sin detenerse a mirarlos siquiera, en definitiva, se
teme a éstos cuerpos recién salidos a la vida, llenos de sensualidad y de candor.[12]
¡Cambios acelerados
de cuerpos de púberes, que recién se están acostumbrando a sus nuevos fluidos
y que deben, sin embargo, tolerar otro cuerpo dentro de sí! Sin embargo cuando
las jóvenes de sectores populares poseen un espacio de confianza y tiempo para
expresarse, se permiten cuestionar la sublimación de su maternidad y pueden
manifestar su deseo de disfrutar de una sexualidad plena para sentirse amadas
y respetadas.
Ellas ansían de
nosotr@s los adultos la conversión de nuestra
mirada: de una mirada culpabilizadora y excluyente sobre su cuerpo, hacia una
mirada abrazadora e incluyente, que las reconozca y respete en su dignidad de
ciudadanas plenas dignas de derechos [13].
¿Estaremos dispuestos como sociedad y como individuos
a este desafio ético?
Marcela Bosch- argentina, feminista,
Lic. en Teología-Isedet 1992- Dra. en Teología (área historia y sistemática)
Sao Leopoldo, Brasil. 2001. Título de la tesis: “El poder de la sumisión (una
mirada desde la ética feminista militante y no violenta al embarazo de mujeres
jóvenes de sectores populares. Estudio cualitativo y comparativo llevado a cabo
en las Regiones Metropolitanas de Buenos Aires y Porto Alegre)”.
Educadora Sexual. Desde hace más de 10 años
trabaja con jóvenes de sectores populares. Ha sido docente invitada en Instituciones
fuera y dentro del país y trabaja con talleres de autoestima y sexualidad. En
el área de la Educación sexual se ha especializado en violencia y abuso sexual.
NOTAS
-
Expresión popular para expresar la actitud de irse.
-
El Testimonio provee de una participante de los grupos focales
en la Maternidad Sardá, Buenos Aires tomado durante los años 1997-1999 como
parte de la investigación realizada para mi tesis doctoral. “El Poder de la
sumisión”. Una mirada desde la ética feminista militante y no violenta al
embarazo de mujeres jóvenes de sectores populares. Sao Leopoldo, Mayo de 2001.
-
Ver Michel, FOUCAULT y Richard,
SENNET. Sexualidad y soledad.
Barcelona, El viejo Topo. 1982 p.15
-
Ver el interesante y completo estudio de Claude BRUAIRE. Filosofía
del cuerpo. París, Seuil,1968.p.13
-
Cuando Foucault, habla de sexualidad, no entiende que ésta haya
sido tan sólo reprimida en nuestras sociedades, muy por el contrario, la aparente
represión a partir del siglo XVII ha traído la puesta en discurso sobre el
sexo, el saber sobre el sexo, ha producido el deseo, y éste, a su vez, ha
generado la necesidad de que se ejerza el control sobre él.
-
Por otro lado, como ya lo ha hecho notar
Foucault, en las sociedades
occidentales: el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político,
las relaciones de poder operan sobre él, se convierte una presa inmediata,
lo cercan, lo obligan a una ceremonias, exigen de él unos signos.
-
La teología feminista al tomar a la corporeidad como clave de
lectura cualificada, tanto de los textos bíblicos, como en la teología sistemática,
realiza una fuerte crítica a la dualidad que atraviesa a la teología tradicional
y que, en definitiva, a quien más perjudica cosificándolas, es a las mujeres.
-
Desde el años 1993, y desde mi rol de educadora sexual realizo
talleres de autoestima y sexualidad con jóvenes embarazadas de Sectores populares.
-
Cabe recordar que para Foucault, el aumento del individualismo
tiene que ver con un arte de la existencia. El principio del cuidado de sí,
que comienza con Sócrates, cobrará características diferentes con estoicos,
cínicos etc, constituyendo una práctica social que atraviesa diferentes doctrinas.
-
Para un tratamiento sobre y la cultura y el cuerpo donde se integran
cuestiones filosóficas y sociológicas sobre el cuerpo, ver. A, OLDENDORFF.
Corporalidad sexualidad y cultura, Buenos Aires, ed. Carlos Lohlé, 1970.
-
Michel, FOUCAULT. La Historia de la Sexualidad. Tomo
I,
México: siglo XXI, 1998. P.47.
-
Como lo ha hecho notar tan claramente Lucy
Irigaray. “En general
en nuestras sociedades no existen las dotes a las muchachas pero no por eso
los cuerpos femeninos han dejado de estar en venta en los medios de comunicación
con la apropiación de los Estados y el silencio de las instancias morales
y religiosas sobre este comercio”. Lucy IRIGARAY. Yo, tú, Nosotras
Madrid, Cátedra Universidad de Valencia Instituto de la Mujer, 1992 p.97.
-
Denomino mirada abrazadora, a aquella que mira para aceptar, buscando
todas las posibilidades que pueda tener una persona, buscando sus atributos,
buscando sus partes sanas. Es la mirada que busca la equidad más allá de las
diferencias, que mira a la persona y su contexto alejándose de las preguntas
que la inculpen.
NOTAS
[1] Expresión popular para expresar la actitud de irse.
[2] El Testimonio provee de una participante de los grupos focales que
en la Maternidad Sardá, Buenos Aires tomado durante los años 1997-1999 como
parte de la investigación realizada para mi tesis doctoral. “El Poder de la
sumisión”. Una mirada desde la ética feminista militante y no violenta al
embarazo de mujeres jóvenes de sectores populares. Sao Leopoldo, Mayo de 2001.
[3] Ver Michel, FOUCAULT y Richard, SENNET. Sexualidad
y soledad. Barcelona, El viejo Topo. 1982 p.15
[4] Ver el interesante y completo estudio de Claude BRUAIRE. Filosofía
del cuerpo. Paris, Seuil,1968.p.13
[5]Cuando Foucault, habla de sexualidad, no entiende que ésta haya sido
tan sólo reprimida en nuestras sociedades, muy por el contrario, la aparente
represión a partir del siglo XVII ha traído la puesta en discurso sobre el
sexo, el saber sobre el sexo, ha producido el deseo, y éste, a su vez, ha
generado la necesidad de que se ejerza el control sobre él.
[6] Por otro lado, como ya lo ha hecho notar Foucault, en las sociedades
occidentales: el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político,
las relaciones de poder operan sobre él, se convierte una presa inmediata,
lo cercan, lo obligan a una ceremonias, exigen de él unos signos.
[7]La teología feminista al tomar a la corporeidad como clave de lectura
cualificada, tanto de los textos bíblicos, como en la teología sistemática,
realiza una fuerte crítica a la dualidad que atraviesa a la teología tradicional
y que en definitiva a quien más perjudica, cosificándolas, es a las mujeres.
[8] Desde el años 1993, y desde mi rol de educadora sexual realizo talleres
de autoestima y sexualidad con jóvenes embarazadas de Sectores populares.
[9] Cabe recordar que para Foucault, el aumento del individualismo tiene
que ver con un arte de la existencia. El principio del cuidado de sí, que
comienza con Sócrates, cobrará características diferentes con estoicos, cínicos
etc, constituyendo una práctica social que atraviesa diferentes doctrinas.
[10] Para un tratamiento sobre y la cultura y el cuerpo donde se integran
cuestiones filosóficas y sociológicas sobre el cuerpo, ver. A, OLDENDORFF.
Corporalidad sexualidad y cultura, Buenos Aires, ed. Carlos Lohlé, 1970.
[11] Michel, FOUCAULT. La Historia de la Sexualidad. Tomo I, México:
siglo XXI, 1998. P.47.
[12]Como lo ha hecho notar tan claramente Lucy Irigaray. “En general
en nuestras sociedades no existen las dotes a las muchachas pero no por eso
los cuerpos femeninos han dejado de estar en venta en los medios de comunicación
con la apropiación de los Estados y el silencio de las instancias morales
y religiosas sobre este comercio”. Lucy IRIGARAY. Yo, tú, Nosotras
Madrid, Cátedra Universidad de Valencia Instituto de la Mujer, 1992 p.97.
[13] Denomino mirada abrazadora, a aquella que mira para aceptar, buscando
todas las posibilidades que pueda tener una persona, buscando sus atributos,
buscando sus partes sanas. Es la mirada que busca la equidad más allá de las
diferencias, que mira a la persona y su contexto alejándose de las preguntas
que la inculpen.
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