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Che
¿vos te diste cuenta que sos una mujer?
En primer lugar
quiero agradecer a la Red Trans por haberme invitado a
participar de este foro. En segundo a la Luisa, mi compañera
desde hace siete años porque ella ha traducido la mayor parte
de los textos que se citan en esta presentación y finalmente,
a las personas con las que estoy en amor en la vida, porque
ellas me han apoyado y me sostienen en el difícil camino de
encontrarme a mi misma.
INTRODUCCIÓN
El género es un concepto crucial para las ciencias sociales y
es una aportación importantísima del feminismo a la cultura.
La noción de género, aunque no lo llamó de esa manera, aparece
esbozada por primera vez en 1949 por Simone de Beauvoir en "El
Segundo Sexo". En su célebre frase que aparece en el prólogo
afirma:
"Una no nace mujer. Ningún destino biológico, psicológico o
económico determina la figura que presenta la hembra humana en
la sociedad: es la civilización como un todo la que produce
esa criatura, intermedia entre hombre y eunuco, que se
describe como femenina".
Creo, sin temor a equivocarme, que esta frase ha constituido
el andamiaje sobre el cual se construyó toda la teoría
feminista.
Sin embargo, el género esbozado como tal aparece años después
y lo utiliza por primera vez la antropóloga feminista
norteamericana Gayle Rubin, que lo define como:
"el conjunto de convenciones mediante las cuales una sociedad
transforma la sexualidad biológica en productos de la
actividad humana y en la que se satisfacen esas necesidades
sexuales transformadas"
Por tanto, a partir del hecho biológico de nuestra composición
cromosómica o anatómica se ha levantado una impresionante
construcción cultural que desde el principio de los tiempos ha
distinguido lo masculino de lo femenino. Y lo más importante
de esto es que lo ha hecho siempre de una manera jerárquica.
Todas las sociedades han convertido la diferencia anatómica en
desigualdad social y política.
Rubin dice también que "parte del aprendizaje de los seres
humanos en cuanto a su sexualidad no es solo la adscripción a
un género u otro, sino también la canalización del deseo
sexual exclusivamente hacia miembros del género contrario" .
Con lo cual la heterosexualidad aparece no como una de la
múltiples formas de expresión de la sexualidad sino como la
única alternativa posible. Muchas teóricas feministas y sobre
todo feministas lesbianas han planteado el tema de la
heteronormatividad como esencial para el funcionamiento del
patriarcado, han mantenido un debate de décadas acerca de cómo
salirse de ella. Debate que voy a pasar por alto y solo me
quiero referir a la posición que me ha servido para entender
mi vida y para pensar y actuar mi activismo. Esta posición es
la que ha desarrollado Monique Wittig a lo largo de una
extensa obra pero fundamentalmente en "La Mente Hetero" y en
"No se nace mujer" Wittig afirma que "Si el discurso de los
modernos sistemas teóricos ejerce poder sobre nosotras, es
porque trabaja con conceptos que nos tocan muy de cerca. Pese
al surgimiento histórico del movimiento de lesbianas, del
feminismo y del de liberación gay, cuya actuación ya ha
sacudido las categorías filosóficas y políticas de los
discursos de las ciencias sociales, esas categorías siguen
siendo sin embargo utilizadas para la ciencia contemporánea
sin mayor análisis. Funcionan como conceptos primitivos dentro
de un conglomerado de disciplinas, teorías e ideas actuales
que llamaré la mente hetero. Si bien en los últimos años se ha
aceptado que no existe nada a lo que se pueda llamar
'naturaleza', que todo es cultura, sigue habiendo dentro de
esa cultura un núcleo de naturaleza que resiste a todo examen,
una relación excluida de lo social en el análisis, una
relación cuya característica es ser ineludible en la cultura
así como en la naturaleza y que es la relación heterosexual. A
esto lo llamo relación social obligatoria entre "hombre" y
"mujer" . La mente hetero desarrolla una interpretación
totalizadora de la historia, de la realidad social, de la
cultura, del lenguaje y de todos los fenómenos subjetivos al
mismo tiempo. La consecuencia de esta tendencia a la
universalidad, para esta autora, es que "la mente hetero no
puede concebir una cultura, una sociedad donde la
heterosexualidad no ordene no solo todas las relaciones
humanas sino también la misma producción de conceptos e
inclusive los procesos que escapan a la conciencia."
Culmina diciendo:
"Los discursos de la heterosexualidad nos oprimen en el
sentido que nos impiden hablar a menos que hablemos en sus
términos. Todo lo que los cuestiona es inmediatamente
descalificado como elemental. Esos discursos nos niegan toda
la posibilidad de crear nuestras propias categorías. 'Hombre'
y 'mujer' son conceptos políticos de oposición y la cópula que
dialécticamente los une es, a la vez, la que los hace
desaparecer. Para nosotras y para nosotros, esto significa que
ya no puede haber mujeres y hombres, y que como clases y
categorías de pensamiento o lenguajes tienen que desaparecer
política, económica e ideológicamente. Si nosotras como
lesbianas y ustedes como homosexuales seguimos hablándonos y
pensándonos como mujeres y como hombres, estaremos preservando
la heterosexualidad.
Los conceptos hetero se van socavando: ¿qué es una mujer?
Pánico, alarma general para una defensa activa. Francamente,
es un problema que las lesbianas no tenemos porque hemos hecho
un cambio de perspectiva y sería incorrecto decir que las
lesbianas nos asociamos, hacemos el amor, o vivimos con
mujeres, porque el término 'mujer' tiene sentido solo en los
sistemas de pensamiento y económicos heterosexuales. Las
lesbianas no somos mujeres (como no lo es tampoco ninguna
mujer que no esté en relación de dependencia personal con un
hombre)" .
Siguiendo a Wittig, yo no me considero una mujer, no puedo
nombrarme mujer porque "mujer" es parte de los discursos y
prácticas sobre nuestros cuerpos, identidad de género y
sexualidad que nos limitan, nos oprimen y no son suficientes
para describir la vasta y rica diversidad de la experiencia de
las lesbianas. Porque no podemos con "mujer" abarcar a todas
las que podemos comprender dentro de "lesbianas" desde las
lipstick (carmín o lápiz de labios) ultrafemeninas, a las
stone butch (las más masculinas) pasando por las femme, las
butch, marimachas o machonas, las andróginas, las que están en
algún punto entre los extremos o se desplazan por muchas
posibilidades, las que jamás se acostaron con un hombre, las
que tuvieron o tienen alguna relación amorosa y/o sexual con
un hombre (hetero, bi, gay) y/o con una persona transgénero o
transexual (V/M, M/V, con o sin cirugía) travestis, drag
queens, drag kings o con una persona intersex, las
sadomasoquistas, las que prefieren el sexo vainilla, las que
utilizan juguetes sexuales incluyendo dildos las leather, las
tortas, las gays, las homosexuales, las que tiene cromosomas
XY (vM) con o sin reasignación, las que tienen roles fijos,
las que tienen roles simétricos, las que están en pareja con
mujeres bisexuales o heterosexuales, las que toman
testosterona, las célibes.
Hay lesbianas que prefieren seguir identificándose como
"mujeres que aman a mujeres", entendiendo por tales sólo a las
que nacieron con cromosomas XX, con ciertos genitales y que
están dentro de una cierta expresión de género, dejando fuera
de lo que es ser lesbiana a mucha gente. Están en su derecho y
lo respeto, pero no es mi opción, no es suficiente para mí.
No me considero una mujer, pero uno de los mayores prejuicios
acerca de las lesbianas y el que sostiene la lesbofobia y está
basado en el miedo a la confusión de género, es que queremos
ser hombres. Puede ser que algunas lesbianas quieran serlo, de
hecho muchas personas a las cuales se les ha asignado el
género mujer al nacer, viven algún tiempo como lesbianas antes
de convertirse en transexuales de mujer a varón, pero la
mayoría de nosotras no queremos ser hombres
Ahora bien, si no soy mujer, pero tampoco soy un hombre, ¿qué
soy? Yo me considero una persona transgenérica de mujer a
lesbiana y es por eso que estoy hablando hoy en este panel
sobre transgeneridades.
En algunos casos, transexuales y transgénero saltan de un
cajón a otro y refuerzan lo binario. Pero muchas personas
transgénero tenemos otra cosa para decir y siguiendo a Kate
Bornstein lo que muchas y muchos de nosotras y nosotros
estamos diciendo es: "No soy un hombre, no soy una mujer, soy
otra cosa bajo el sol". En este sentido somos, como dice
Bornstein, "una ola de personas transgénero que llevamos la
misma pancarta de "la biología no es destino" que han venido
llevando las feministas desde hace años".
Después de esta larga introducción , quisiera hablarles ahora
de mi identificación como lesbiana butch. Para esta
aproximación me he basado mayormente en un artículo de Gayle
Rubin que se llama: "De Catamitas y Reyes: reflexiones sobre
butch, género y fronteras" porque comparto gran parte de lo
que ella señala en ese artículo .
¿QUÉ ES UNA BUTCH?
Butch, que en su acepción común es viril o varonil, es un
término tomado de las comunidades lésbicas norteamericanas,
que comenzó a ser usado en la década del '50. Creo que el
término local que más se adecúa es el que se utiliza
socialmente en sentido despectivo: marimacho. Es utilizado
para designar a lesbianas que se sienten más cómodas con
códigos de género, estilos o identidades masculinas que con
estilos femeninos.
Butch, y su contraparte femme, son categorías importantes
dentro de la experiencia lesbiana, y como tales han acumulado
múltiples capas de significación.
Lilian Faderman, en un libro muy interesante que da cuenta de
la historia del lesbianismo en EEUU hasta la década de los
'90, que se llama "Chicas raras y amantes a media luz",
menciona que de repente comienza a haber un gran número de
mujeres que se estaban juntando y lo que ellas habían
observado antes de decidir vivir como lesbianas no era otra
cosa que la heterosexualidad. Si bien las primeras relaciones
de profesionales podían ver las ventajas de un "matrimonio"
(las comillas son mías) de iguales, el mundo en el que vivían
las mujeres de clase trabajadora no les proporcionaba ningún
indicio de tales beneficios. Para ellas una pareja funcional
estaba compuesta por individuos dicotómicos que si no eran
mujer y varón tenían que ser femme y butch o, como se las
llamó en otras zonas, "orders y mason" (la que da órdenes y la
abeja obrera) o "Marge y butch". Relata, en ese libro, el
testimonio de una butch que dice lo siguiente: "El problema
era que los únicos modelos que teníamos para nuestras
relaciones eran los tradicionales masculino-femenino y
estábamos demasiado ocupadas tratando de sobrevivir como para
tener tiempo de crear roles nuevos para nosotras".
Elizabeth Kenedy y Madeline David, describiendo la comunidad
lésbica de Búfalo entre los años '30 y '50, comentan al
respecto que "estos roles tenían dos dimensiones: primero
constituían un código de comportamiento personal,
particularmente en las áreas de imagen y sexualidad. Las butch
afectaban un estilo masculino, mientras que las femme
aparecían como característicamente femeninas. Butch y Femme
también se complementaban el uno al otro en un sistema erótico
en el cual se esperaba que la butch fuera tanto la que hacía
como la que daba, la pasión de la femme era la plenitud de la
butch".
Algunas historiadoras, como Joan Nestle y Judy Grahn, al
referirse a los '50 y '60 han sugerido que los roles y
relaciones butch-femme no eran una imitación de la
heterosexualidad, sino algo único en sí mismos, basados no en
los modelos sociales y sexuales con los que todas las
lesbianas habían sido educadas, sino en impulsos "naturales"
(tales como la sexualidad butch y la sexualidad femme) o en
conductas específicamente lésbicas. Judy ha sugerido que las
butch no copiaban a los hombres sino que estaban diciendo:
"esta es otra manera de ser mujer" y "lo que se aprendía en
las subculturas lésbicas era a imitar a las tortas, no a los
hombres".
Siguiendo a Rubin, yo considero que butch y femme son formas
de codificar identidades y comportamientos que a la vez están
conectados con y son distintos de los roles sociales standard
para hombres y mujeres, por eso para mí no perpetúan la
heterosexualidad obligatoria.
En este punto intuyo que no les ha quedado muy claro qué es
una butch.
Categorizar implica limitar, cerrar, excluir, nada más alejado
de mi intención. Así que al respecto diré, siguiendo a Rubin,
que "el término incluye a personas con diferente rango de
carga de 'masculinidad´" . Incluye por ejemplo a: lesbianas
que no están interesadas para nada en las identidades de
género de varón, pero que usan rasgos asociados con la
masculinidad para indicar su lesbianismo o para comunicar su
deseo de involucrarse en los tipos de comportamiento sexual
activo o iniciador que en esta sociedad están permitidos para
o son esperados de los hombres; incluye a mujeres que adoptan
modas y maneras de "varón" como una forma de reclamar los
privilegios o la deferencia usualmente reservada para los
hombres.
Hay muchas maneras de ser masculina. Hay al menos tantas
maneras de ser butch como maneras de ser masculinos para los
hombres. En realidad, hay más maneras de ser butch, porque
cuando las mujeres se apropian de estilos masculinos, el
elemento del travestismo produce nuevos sentidos y
significados. Las butches adoptamos y trasmutamos los muchos
códigos disponibles de masculinidad.
A veces las lesbianas usan el término butch para designar solo
a las mujeres más varoniles, pero igualar butch con mujer
hipermasculina alimenta un estereotipo. Las butch diferimos
ampliamente en cuán masculinas nos sentimos y, en
consecuencia, en cómo nos presentamos. Algunas butch somos
levemente masculinas, otras butch somos muy varoniles y
algunos "drag kings" pasan como hombres. También diferimos en
cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos de "mujer". Algunas
nos sentimos cómodas estando embarazadas y teniendo hijos,
mientras que para otras el sólo pensar en el componente
femenino subyacente de la reproducción mamífera es totalmente
repugnante. Algunas disfrutamos con nuestros pechos mientras
que otras los desprecian. Algunas butches ocultan sus
genitales y otras rechazan la penetración. Hay butches que
aborrecen los tampones, debido a sus resonancias de coito,
otras butches adoran ser cogidas. Algunas butches están
perfectamente contentas en sus cuerpos femeninos, mientras que
otras pueden estar en el límite de convertirse en
transexuales.
Además, en cada cultura las formas de masculinidad son
moldeadas por las experiencias y expectativas de clase, raza,
religión, ocupación, edad, subcultura, y personalidad
individual. En algunas culturas, la fuerza física y la
agresión son las señales privilegiadas de masculinidad. En
otras culturas, la masculinidad es expresada por la
alfabetización y la capacidad de manipular números o textos. A
algunas butches nos encanta adoptar las imágenes más
idealizadas de varones que vemos en la sociedad: corteses,
protectores, que encienden los cigarrillos, abren las puertas
de los autos o apartan las sillas para que las mujeres se
sienten. Esas imágenes que se ven solo en las películas.
La mayoría de nosotras disfrutamos combinando expresiones de
masculinidad con un cuerpo femenino. Comparto con Rubin que
"la coexistencia de caracteres masculinos con una anatomía
femenina es una característica fundamental de butch y es una
señal lésbica altamente cargada, erotizada y llena de
consecuencias" .
Decir que muchas lesbianas se identifican con lo masculino
tampoco significa que estamos "identificadas con los hombres"
en el sentido político. Cuando el término "identificadas con
los hombres" empezó a ser usado originalmente por el feminismo
de comienzos de los setenta, no denotaba nada sobre la
identidad de género. Describía una actitud política en la cual
miembros de una categoría de personas generalmente oprimidas
(mujeres) no son capaces de identificarse con su propio
interés como mujeres y en cambio se identifican con las metas,
políticas y actitudes beneficiosas para un grupo de
generalmente privilegiados opresores (hombres). Aunque esas
mujeres eran a veces butch o masculinas en su estilo, también
podían, con igual facilidad, ser femme o femeninas. Una
manifestación típica de la identificación con los hombres en
este sentido consistía en el apoyo a los privilegios
masculinos tradicionales por parte de mujeres heterosexuales
muy femeninas. Algunas de las femeninas mujeres de derecha
cuyos objetivos políticos incluyen el reforzamiento de la
autoridad masculina en las familias convencionalmente
constituidas, podrían ser llamadas "identificadas con los
hombres". (en Argentina conocemos varios de estos casos).
Lo que quiero remarcar aquí es como algunas terminologías han
servido a confundir posiciones políticas con identidades de
género. Una butch fuertemente masculina no necesariamente va a
identificarse políticamente con los hombres. Judith Halberstam
aporta algo más en este sentido cuando dice que el efecto del
término "identificadas con los varones" se formó para castigar
a la mujeres gays más visibles y fuera del closet por su
masculinidad y condujo a que el feminismo fuera el estudio de
la "femineidad".
En el contexto local (quisiera aclarar que lo que voy a decir
son impresiones personales que no gozan de ningún estudio
"científico" que las avale, porque desgraciadamente en
Argentina no tenemos la riqueza de producción teórica que
existe en los EEUU. Existen trabajos al respecto yo los
desconozco , así que si estoy mencionando a autoras
norteamericanas es porque son las únicas que nos han sido
accesibles, al menos para las militantes), en los años '80,
década en la que me asumí como lesbiana, era común ver en el
ambiente lésbico estas expresiones de butch y femme. Entiendo
que, en parte porque resultaba la forma más fácil de pasar
desapercibidas, o sea de pasar como una pareja hetero.
Progresivamente esas identidades se fueron desdibujando y hoy
por hoy las lesbianas butch, somos mayoritariamente mayores de
35 años. Hemos asistido a una uniformización de la expresión
de género de las lesbianas, que se están asimilando al modelo
de femineidad que les presenta el sistema, situación que me
resulta preocupante. Entiendo que en parte tiene que ver con
la propia lesbofobia internalizada de las lesbianas, en parte
a la falta de discusión sobre estos temas en las comunidades
lésbicas locales y también a la falta de conciencia de la
opresión que el sistema patriarcal y capitalista ejerce sobre
nosotras.
A modo de conclusión
Los roles butch-femme de los '50 en EEUU y de los '70-'80 en
la Argentina tuvieron sus costos, como por ejemplo la
obligación para cada lesbiana de elegir un rol, las formas en
que estos roles reforzaban el estatus binario de las femme y
las frustraciones sexuales a menudo experimentadas por las
butch. Sin embargo, creo como Rubin que las condenas a las
identidades butch o femme han empobrecido y empobrecen todavía
en nuestro contexto local la comprensión de las experiencias y
modelos de género lésbico. También han producido mucha
intolerancia. A la discriminación que sufrimos por parte de la
sociedad las lesbianas butch hemos tenido que sumarle la de
nuestras propias compañeras lesbianas, muchas de las cuales,
debido a que nuestro aspecto es leído inmediatamente como
torta, no quieren salir a la calle con nosotras por temor a
que se las identifique como lesbianas; otras no quieren saber
nada con nosotras porque dicen que a ellas "les gustan las
mujeres, si quisieran estar con un hombre buscarían uno de
verdad". También hemos sido discriminadas por algunas
feministas que nos consideran traidoras a la causa, residuos
nocivos de la opresión patriarcal, que pretenden tener la
certeza de lo que una lesbiana es o no es sosteniendo muchas
veces posiciones esencialistas y cuasifascistas.
Creo al igual que Rubin que "Nuestras categorías son
importantes. No podemos organizar una vida social, un
movimiento político ni nuestras identidades y deseos
individuales sin ellas. El hecho de que las categorías
invariablemente tengan filtraciones y que nunca puedan
contener todas las "cosas existentes" relevantes no las hace
inútiles, solo limitadas. Categorías como butch, lesbiana o
transexual son todas imperfectas, históricas, temporarias y
arbitrarias. Las usamos y ellas nos usan. Las usamos para
construir vidas con significados y ellas nos moldean en formas
históricamente específicas de ser personas. En vez de pelear
por clasificaciones inmaculadas y límites impenetrables, creo
que deberíamos esforzarnos por construir una comunidad que
entienda la diversidad como un regalo, que vea las anomalías
como preciosas y que trate a todos los principios básicos con
una robusta dosis de escepticismo .
Sigo nombrándome lesbiana, aunque siento que esa categoría no
me abarca totalmente, porque entiendo que el concepto lesbiana
es un término que consiste en concebir al sujeto social de
modo que exceda, que sea otro, que sea autónomo de las
categorías de género hombre y mujer. Esa concepción tiene para
mí una carga política muy fuerte. Aquí en la Argentina la
categoría lesbiana sigue siendo peligrosa y tiene una función
poderosa que cumplir en la subversión de las estructuras
sociales del patriarcado; la cuestión no es solamente
demostrar que las lesbianas existen como identidad, sino más
bien que las lesbianas tienen una lucha en común con otras
personas que son subversivas porque perturban el sistema de
géneros monolítico.
Lesbiana, torta, marimacho es también cómo soy leída, cada día
cuando abro la puerta de mi casa, por eso es el lugar desde
donde resisto cotidianamente, pero mi concepción de lesbiana
butch transgenérica significa posicionarme en el lugar que
Teresa de Lauretis denominó "sujetos excéntricos" .
Es una posición de resistencia y de acción que debe ser
aprehendida conceptual y experimentalmente desde afuera o
superando el aporte sociocultural de la heterosexualidad, una
posición que implica "un desplazamiento, una
des-identificación con un grupo, una familia, el propio yo, un
'hogar' que implica la exclusión y la represión de cualquier
ideología de lo mismo, e implica un corrimiento de los puntos
de comprensión y de articulación y un autodesplazamiento:
dejar o renunciar al lugar que es seguro, es decir al 'hogar',
física, emocional, lingüística y epistemológicamente, por otro
lugar que es desconocido, riesgoso, desde el cual el hablar o
el pensar, [la vivencia del cuerpo], son tentativos, inseguros
y no están garantizados . Es un cruce permanente de los
límites.
Creo que lo que todas las personas transgénero compartimos es
el sentimiento de extranjería, por eso quiero terminar con un
poema de Gloria Anzaldúa, que expresa maravillosamente lo que
significa este cruzamiento de los límites, esta extranjería.
Borderlands/La Frontera: la nueva mestiza
Vivir en la Frontera significa que tú
no eres ni hispana india negra española
ni gabacha, eres mestiza, mulata, híbrida
atrapada en el fuego cruzado entre los bandos
mientras llevas las cinco razas sobre tu espalda
sin saber para qué lado volverte, de cuál correr;
Vivir en la Frontera significa saber
que la india en ti, traicionada por 500 años,
ya no te está hablando,
que las mexicanas te llaman rajetas,
que negar a la Anglo dentro tuyo
es tan malo como haber negado a la India o a la Negra;
Cuando vives en la frontera
la gente camina a través tuyo, el viento roba tu voz,
eres una burra, buey, un chivo expiatorio,
anunciadora de una nueva raza,
mitad y mitad -tanto mujer como hombre, ninguno-
un nuevo género;
Vivir en la Frontera significa
poner chile en el borscht,
comer tortillas de maíz integral,
hablar Tex-Mex con acento de Brooklyn ;
ser detenida por be la migra en los puntos de control
fronterizos;
Vivir en la Frontera significa
que luchas duramente para
resistir el elixir de oro que te llama desde la botella,
el tirón del cañón de la pistola,
la soga aplastando el hueco de tu garganta;
En la Frontera
tú eres el campo de batalla
donde los enemigos están emparentados entre sí;
tú estás en casa, una extraña,
las disputas de límites han sido dirimidas
el estampido de los disparos ha hecho trizas la tregua
estás herida, perdida en acción
muerta, resistiendo;
Vivir en la Frontera significa
el molino con los blancos dientes de navaja quiere arrancar en
tiras
tu piel rojo-oliva, exprimir la pulpa, tu corazón
pulverizarte apretarte alisarte
oliendo como pan blanco pero muerta;
Para sobrevivir en la Frontera
debes vivir sin fronteras
ser un cruce de caminos.
BIBLIOGRAFIA
" Anzaldúa, Gloria: La Frontera / Borderlands. Gloria Anzaldua,
Consortium Book Sales and Distribution, 1999.
" Bornstein, Kate: "Gender Outlaw: On men, women, an the rest
of us", Routledge, New York, 1996.
" Cangrano, María Cecilia - Dubois, Ludsay: "De mujer a
género; teoría interpretación y práctica feminista en las
ciencias sociales", Centro Editor de América Latina, Buenos
Aires, 1993, 160pp.
" Halberstam, Judith "Masculinidad sin hombres" Revista de
Género en la Red. Annamarie Jagose entrevista a Judith
Halberstam sobre su último libro.
" Nafaf, Zachary I. "Lesbians talk Transgender". Scarltet
Press. 1996.
" Rubin, Gayle. "Of Catamites and Kings: Reflections on Butch,
Gender, and Boundaries." The Persistent Desire: A Femme-Butch
Reader. ed. Joan Nestle. Boston: Alyson, 1992. 466-482.
" Rubin, Gayle: "The traffic in women. Notes on the political
economy of sex", pág. 157-210 en Reitre, Rayna (ed): "Toward
an Antropology of women, N.Y, Monthly Review Press, 1975.
" Wittig Monique: The Straight Mind and other Essays, Boston:
Beacon, 1992.
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