REVA
SIEGEL, ABOGADA CONSTITUCIONALISTA, UNIVERSIDAD DE YALE
“No
debemos usar el derecho penal para obligar a las mujeres
a ser madres”
Fuente:
Página 12 del 7/9/08
Reconocida profesora de Derecho, Reva Siegel explica
aquí por qué el aborto es un derecho humano, analiza
el panorama en la Argentina y repasa las posiciones que
tienen Obama y McCain.
Por
Mariana Carbajal
Reva
Siegel es una reconocida profesora de Derecho y Estudios
Americanos de la Universidad de Yale. Como abogada
constitucionalista, su especialidad son los derechos de
las mujeres y la desigualdad de género. Uno de los
temas que más la apasionan –por sus implicancias en
las vidas femeninas, dice– es la controversia
jurídica en torno del aborto. Ella no tiene dudas:
está a favor de que no se penalice a la mujer que
decide interrumpir voluntariamente un embarazo. Sus
argumentos para defender su posición son muy
originales: defiende el derecho al aborto porque –sostiene–
defiende la maternidad. “No debemos usar el derecho
penal para obligar a las mujeres a ser madres”,
señaló en una entrevista con PáginaI12, en la que
fundamentó ampliamente su postura, analizó la
situación argentina en relación con el aborto y los
casos de violación y reflexionó también sobre las
posiciones de los candidatos presidenciales
norteamericanos, Barack Obama y John McCain, sobre esta
temática.
Siegel
estuvo en Buenos Aires invitada por la Facultad de
Derecho de la Universidad de Palermo, donde dio varias
conferencias y tuvo como anfitrión al director de la
carrera y profesor de Derecho y Filosofía, Marcelo
Alegre.
–¿Por
qué defiende el derecho al aborto?
–Porque
defiendo a las mujeres, y las defiendo en su calidad de
madres. El trabajo que implica la maternidad es inmenso;
ocupa toda la vida de una mujer, y la transforma. De la
manera en que está organizada nuestra sociedad, esto no
es reconocido, valorado o apoyado. Por ende, las mujeres
necesitan tener control sobre la decisión de
convertirse en madres, para poder conciliar su
compromiso hacia su familia y sus propios planes de vida
con este trabajo de tiempo completo. Por esa razón es
que importa tanto respetar la decisión de las mujeres
acerca de si quieren o no llevar a cabo ese trabajo. Y
no debemos usar el derecho penal para obligarlas a
hacerlo. Esa es la base.
–Sectores
conservadores niegan que el derecho de la mujer a la
autonomía esté por encima del derecho a la vida del
por nacer. ¿Hay conflicto de derechos?
–Las
mujeres valoran y respetan la vida potencial. Otras
personas en la sociedad lo hacen también. Pero nunca de
una manera que sea equivalente al modo en que valoramos
a las personas nacidas. Y dado que esto forma parte de
una cuestión moral compleja, es importante prestar
atención a quienes razonan moralmente sobre cómo
coordinar el respeto por las personas nacidas y la vida
por nacer. Y aquellos que usarían el derecho penal para
expropiar a las mujeres el control sobre esta decisión
no tienen, a mi entender, un poder de juicio moral que
sea superior al de las mujeres que intentan tomar esa
decisión de un modo que sea respetuoso de todos los
intereses en juego. Cuando comencé a hablar dije que
una sociedad que se preocupa por expresar respeto por la
vida potencial debería comenzar a hacerlo en todos
aquellos casos en los que las mujeres intentan traer
niños al mundo y formar familias. Y sólo luego de
hacer eso, es decir, de ayudar a las mujeres en todas
esas ocasiones, podría comenzar a considerar si
reenfoca sus energías hacia aquellas mujeres que no
consienten. Por mi parte, no veo evidencia, en
sociedades interesadas en criminalizar el derecho al
aborto, de que ese respeto por la vida y la familia haya
sido suficientemente expresado en esas otras
circunstancias como para hacerme confiar que es ése el
único valor que el derecho penal está intentando hacer
respetar. Creo que el derecho penal está también
expresando y haciendo respetar de manera forzada ciertos
juicios sobre la mujer, y no sólo sobre el nonato, y
esto es lo que me preocupa. El derecho penal que fracasa
en ayudar al nonato en casos en que las mujeres quieren
ser madres, y que sólo se enfoca en las mujeres que no
quieren ser madres, refleja actitudes sobre las mujeres
que muestran una gran falta de respeto y de adecuada
consideración.
–Por
ejemplo, cuando se criminaliza la pobreza y se le quitan
los hijos a una madre sin recursos argumentando que no
los puede criar...
–Quiero
ser cuidadosa, no quisiera ofender a nadie, de manera
que, pese a que estoy hablando en forma dura, quiero que
quede claro el espíritu de lo que intento decir: con
frecuencia, la gente que piensa que sólo tiene
opiniones sobre la persona por nacer también formula
juicios sobre las mujeres. No es que dude sobre la
sinceridad de la gente al manifestar preocupación sobre
el valor de la vida potencial, sino que pienso que
existen muchos juicios irreflexivos sobre las mujeres
que también forman parte de la cuestión, y ésa es la
razón de mi preocupación sobre aquellos otros
contextos en los que la gente podría mostrar su
fidelidad hacia esos compromisos. Pero resulta que en
estos otros contextos, en los que las mujeres quieren
convertirse en madres pero no tienen el dinero
suficiente para hacerlo, la propiedad privada importa, o
el matrimonio importa más que el valor de proteger la
vida potencial. Y si de hecho eso es así en estos otros
contextos, luego hay también algo sospechoso en el
contexto del aborto. Soy alguien que defiende la
maternidad, y no alguien que está en contra de ella. A
lo largo del mundo, cuando uno pregunta quién se
preocupa más por los niños, la respuesta es simple:
las mujeres. ¿Quién dedica una mayor parte de su vida
a los niños? Las mujeres. Muchas veces, incluso, se
vuelven más pobres por el hecho de la maternidad y esto
hace que sus propias posibilidades resulten
profundamente alteradas. Esto no implica que la
maternidad sea algo malo. Pero no es un rasgo inevitable
de la maternidad que las mujeres deban volverse más
pobres, que deban perder la oportunidad de ser
independientes, o una oportunidad para educarse. Este es
un hecho social contingente; es el modo en que valoramos
la maternidad: transformamos a las madres en personas
dependientes y les negamos su carácter de
participantes, y no es necesario que sea así. Lo que
digo es: esta sociedad debería modificar las
condiciones de la maternidad, y cuando haga de estas
condiciones unas condiciones de participación
igualitaria será tiempo de reflexionar sobre si adoptar
otra mirada acerca del aborto. Por cierto, ¿qué tan
comunes son los abortos en Argentina?
–Casi
uno por cada nacimiento: se estima que entre 450 mil y
500 mil al año.
–Una
manera de debatir la cuestión es decir, “todo gira
alrededor del valor de la vida por nacer”, como si
ésta fuera la única pieza del rompecabezas. Pero, de
hecho, cuando uno mira la estructura de la situación,
ve que involucra de manera profunda ciertas cuestiones
relacionadas con la sexualidad, la familia y las
mujeres, e implica un control sobre la reproducción
como modo de castigar a las mujeres, y de hacer cumplir
normas sobre sexualidad de una manera que viola la
dignidad de la vida humana y obliga a la maternidad.
Esto implica también usar a los niños como castigo por
una vida sexual errónea. Así que hay algo realmente
importante en el modo en que las decisiones sobre el
aborto implican un control sobre la sexualidad, el rol
de las mujeres y la institución de la propiedad
privada. Parece que la cuestión no tuviera nada que ver
con todo eso, pero cuando la gente sostiene que con la
prohibición del aborto sólo se trata de respetar la
santidad de la vida, ¿por qué no ayudar a las mujeres
pobres que quieren formar una familia, o ayudar a la
gente a salir de la pobreza, de un matrimonio no deseado
o la dependencia económica? Esto muestra que hay muchos
valores en juego. Y una vez que uno invoca todos estos
valores, el terreno moral ya no es el problema. Es otra
cosa. Por esta razón es tan fascinante cuando uno en
los Estados Unidos corre el velo de la historia de las
luchas sobre el caso Roe v. Wade (N de R.: el caso sobre
el que falló la Corte y despenalizó el aborto en
EE.UU.). Uno advierte que buena parte de la demanda de
las mujeres por la Enmienda de la Igualdad de Derechos
(N de R: La propuesta de enmienda constitucional
aprobada por el Congreso norteamericano entre 1971 y
1972, referida a la igualdad de género. La enmienda no
fue ratificada por los estados) fue el faro que hizo que
la cuestión del aborto fuera tan explosiva como
finalmente lo fue. Lo que la gente recuerda es el caso
Roe v. Wade, pero de hecho, la Enmienda de la Igualdad
de Derechos salió del Congreso en 1972 y el caso Roe
fue decidido en enero de 1973. La mujer que llevó a
cabo la campaña contra la enmienda era una católica, y
poco tiempo después comenzó a conectar la enmienda con
el aborto y el cuidado de los hijos. Hay citas en las
que ella aparece diciendo eso. Esto muestra realmente
que la cuestión no es sólo sobre el status del feto,
sino que se trata de que la mujer no se salga de su
lugar, que no pueda ser capaz de decir “no” a la
maternidad, o tener sexo sin esta serie de consecuencias
vinculadas con roles que están asociadas a ella. La
cuestión entonces es cómo hacer visibles esas
dimensiones presentes en los juicios corrientes, para
luego conectar los valores de la igualdad y la dignidad
humana a este concepto. Es una actividad de dos partes,
porque la habilidad de los defensores de las leyes
penales contra el aborto es hacer referencia continua al
embrión o feto a la hora de criticar aquellas visiones.
Y lo que es muy interesante es que cuando uno mira el
debate en su contexto puede ver que está vinculado con
debates sobre la familia y el sexo. Cuando todos estos
elementos del debate se vuelven visibles, uno puede
comenzar a desafiarlos, empleando las herramientas
habituales que proveen los derechos humanos.
–¿Como
se entiende que 30 años después de aquel histórico
fallo en Estados Unidos los grupos “pro vida” sigan
luchando por revertirlo?
–Diría
que los conservadores en los Estados Unidos descubrieron
que quejarse sobre el derecho al aborto era una gran
manera de generar apoyo de otros norteamericanos
ambivalentes respecto de ese tema, pero no
necesariamente dispuestos a privar a las mujeres de ese
derecho. Los norteamericanos parecen ir en dirección de
restringir el aborto, de manera de expresar
preocupación sobre el valor de proteger al nonato o
cierta ambivalencia acerca de dar a la mujer demasiada
autoridad en esta área. Pero los norteamericanos no
parecen estar interesados en privar completamente a las
mujeres del derecho al aborto. Y eso se debe a un
número de cosas. Algunos recuerdan un mundo de
criminalización en el que las mujeres morían y se
enfermaban, humilladas y aterrorizadas. Y además porque
pienso que existe cierto modo en que los norteamericanos
entienden que la decisión sobre el aborto conecta
mundos ideales y reales. Todos quieren que el sexo se
ejerza genuinamente en una relación en la que exista
consenso de ambas partes, pero la gente entiende que
esto no siempre es así. Todos quieren que vivamos en un
mundo en el que el trabajo de las mujeres sea
genuinamente respetado y apoyado, pero la gente entiende
que no estamos en un mundo tal. Todos quieren que
vivamos en un mundo en el que ambos padres críen a sus
hijos y estén cerca de ellos durante toda su vida, para
hacer que compartan de manera igualitaria el apoyo y la
crianza, pero todos saben que no vivimos en un mundo
semejante. De manera que en cierto modo creo que los
norteamericanos entienden, al dar a las mujeres control
sobre el aborto, que están permitiéndoles negociar
entre el mundo que desearíamos tener y el mundo real en
el que vivimos, en el que no somos fieles a todos
nuestros ideales y a nuestra mejor versión de nosotros
mismos.
–¿Cuál
es la posición de los candidatos presidenciales John
McCain y Barack Obama?
–A
los conservadores no les gustaba tanto McCain porque no
era totalmente un conservador en temas culturales. Pero
quiere ser elegido y, aunque no piense de ese modo, ha
comenzado a hablar en maneras que apoyan la posición de
los conservadores. Pero la derecha no confía en él.
Quiero decir, están exasperados, han hecho durante
años que la gente vaya a votar, y la cuestión del
aborto sigue ahí. Y están bastante disgustados. Se
sienten un poco como que han sido usados –al menos los
oponentes realmente apasionados y enfervorizados contra
el aborto–, un poco como que han sido manipulados por
el centro del Partido Republicano. Así que están muy
poco felices sobre su candidatura. Pero la derecha es la
que está más acostumbrada a movilizarse para elegir
presidentes en condiciones de cambiar las leyes. De
manera extraña, la izquierda es menos capaz de hacer
que la gente vaya a votar por esos motivos.
–¿Cuál
es la posición de Obama?
–Obama
apoya el derecho al aborto. Apoya el derecho de las
mujeres a elegir, y nombraría jueces liberales en la
Corte que, respecto de todas esas cuestiones, voten a
favor de aplicar las reglas de un Estado de derecho al
caso de la detención de sospechosos en cuestiones de
seguridad nacional; reconozcan la diferencia entre el
uso de la raza para subordinar y segregar y el uso de la
raza para incluir e integrar; vean a las mujeres como
ciudadanas iguales, e interpreten la Constitución de
modo de respetar su derecho. Ya ve, enormes diferencias
entre los candidatos.