MARCHA
EN SANTA FE A UN AÑO DE LA MUERTE DE LA JOVEN ANA MARIA
ACEVEDO
Símbolo del
derecho al propio cuerpo
Es el caso de la joven mamá que murió el 17 de mayo de
2007, en el hospital Iturraspe de Santa Fe, como
consecuencia de un cáncer de maxilar, que no fue
tratado porque los médicos se negaron a hacerle un
aborto terapéutico.
Fuente:
Página 12 del 18 de mayo de 2008
Por
Sonia Tessa
Desde Santa Fe
A
Ana María Acevedo le gustaba cocinar. "En casa no
podemos comer pizzas, ni churros, porque enseguida nos
da mucha pena, nos acordamos de ella", dice Norma
Cuevas, la mamá de la joven que murió el 17 de mayo de
2007, en el hospital Iturraspe de Santa Fe, como
consecuencia de un cáncer de maxilar, que no fue
tratado porque los médicos se negaron a hacerle un
aborto terapéutico. "Yo no puedo probar bocado sin
acordarme de mi hija. Para mí, ella no está muerta. La
estoy esperando", agrega Haroldo, el papá, pero se
emociona, y no puede seguir hablando. El diálogo se
produce sobre el final de la marcha que se realizó ayer
a la mañana en la capital provincial para pedir
justicia. "Ana María Acevedo, presente",
gritaron a lo largo de la jornada las manifestantes,
convocadas por la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe.
"¿Con todo esto, mi mamá vuelve?", le
preguntó a su abuela Aroldo Ramón, de cinco años. En
la manifestación también estuvo Juan David, de dos,
que terminó en brazos de Norma. A César Osvaldo, de
tres, el papá no lo dejó viajar desde Vera para el
acto donde se exigió justicia. La muerte de una mujer
de 20 años es siempre desoladora, irreparable. Pero se
hace insoportable cuando es producto de la falla de
todas las políticas públicas y de la decisión de un
grupo de profesionales que antepuso sus convicciones a
la obligación de brindar salud. Es intolerable porque
pudo evitarse.
El
acto comenzó después de las 10. En varios momentos fue
imposible evitar las lágrimas. En la mesa, frente al público,
estaban sentadas las abogadas de la Multisectorial, que
patrocinan a los Acevedo, Paula Condrac, Lucila Puyol y
Mirta Manzur. Y Norma, quien relató su peregrinar entre
los médicos, y también a los Tribunales, para exigir
que a su hija le hicieran un aborto y la trataran por el
cáncer. "Los doctores me decían que iban a ver y
esperar, pero yo les decía que me la iban a matar a mi
hija. Y ellos me contestaban '¿quién te dijo que tu
hija se va a morir?' Y ahora hace un año que está
muerta", dijo Norma. Las lágrimas caían sobre las
mejillas de todos y todas las presentes, también de la
diputada provincial del Partido Socialista, Lucrecia
Aranda, la única legisladora que estuvo ayer. Hubo
adhesiones, del diputado nacional Miguel Barrios, y su
par Verónica Benas. También mandó su adhesión la
diputada provincial Alicia Gutiérrez, del ARI autónomo
y el presidente de la Cámara de Diputados provincial,
Eduardo Di Pollina.
Las
tres abogadas articularon un racconto de lo ocurrido con
Ana María Acevedo. Manzur, que estuvo con la familia
Acevedo durante los últimos días de la vida de Ana,
habló desde el corazón. Relató que el entonces
director del hospital, Andrés Ellena, le prometió a un
funcionario de la Defensoría del Pueblo adelantar una
cesárea que destrabara el tratamiento de rayos y
quimioterapia que la enfermedad requería. "Recién
el 30 de abril, al día siguiente de la cesárea, le
hicieron la primera quimioterapia. Norma y Haroldo
estaban exultantes, porque a Ana se le deshinchó un
poco la cara. Tenían esperanzas. Y yo estaba
contenta", relató mientras se quebraba su voz. La
expectativa duró muy poco, porque al día siguiente Ana
María entró en un coma irreversible. Y en "la fría
tarde" del 17 de mayo falleció.
Fue
la misma Manzur la encargada de recordar el dictamen del
Comité de Bioética del Hospital, que el 27 de febrero
desistió de realizar el aborto, y se amparó en
"razones religiosas y culturales". La abogada
puntualizó que "los médicos tienen la obligación
de actuar con el compendio científico, y no con la
Biblia o el Corán bajo sus brazos".
En
la causa que investiga la muerte, cinco médicos fueron
convocados a declarar como imputados, aunque todavía el
juez Eduardo Pocoví no dictó procesamientos. Además
de Ellena, fueron indagados el jefe de Oncología César
Blajman, el médico de clínica general, David Yossen,
el jefe de Ginecología, Raúl Musacchio y el
radioterapeuta Jorge Venanzi. "Es una vergüenza
que la causa esté en un juzgado correccional, con penas
máximas de cuatro años, que son excarcelables",
expresó Puyol, quien afirmó que "por lo menos
corresponde la figura del dolo eventual, ya que los médicos
pudieron prefigurar el desenlace y siguieron adelante
con la decisión de negarle el tratamiento a Ana maría.
Y además, fue expuesta a torturas". Las abogadas
también iniciaron una reclamación al Estado
provincial, en diciembre pasado, como paso previo a un
juicio civil.
No
sólo los padres y los hijos de Ana María llegaron ayer
a Santa Fe, desde Vera, con el esfuerzo que implica
recorrer cientos de kilómetros. También se movilizaron
familiares de Avellaneda, localidad cercana a
Reconquista. Una de las primas, Catalina Merlo, leyó un
poema que hizo sobre su prima. "Mi nombre es Ana.
Si por haber nacido pobre me condenan, como si fuera
delito mi pobreza...", comenzaba el poema que
arrancó aplausos y, una vez más, emoción.
El
acto había empezado con un panel de representantes de
la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y
Gratuito de la capital Federal y las provincias de
Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Entre Ríos y Santa
Fe. "Atrás nuestro siguen trabajando los asesinos
de Ana María Acevedo. Si los programas y las leyes que
ya conquistamos se hubieran cumplido, ella estaría con
nosotros", inició su intervención Yamila, de
provincia de Buenos Aires. Esa convicción llevó a las
participantes del acto a corear el pedido de justicia
por las calles de Santa Fe. Un pedido que se hace
patente en las palabras de Norma, quien encarna la
dignidad de pelear para que "nadie más sufra lo
que le pasó a mi hija".
Porque
es una cuestión de derechos, es una cuestión de
democracia, el tiempo es ahora…