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Yo aborto, tú abortas...
todas callamos
Por Andrea D'Atri
Publicado en La Verdad Obrera Nº 105, 18/7/02.
El debate sobre el derecho al aborto siempre despierta
opiniones encontradas. Por motivos éticos, religiosos y
políticos se enfrentan defensores y detractores de esta
viejísima práctica a la que las mujeres han recurrido,
históricamente, para decidir la interrupción de sus embarazos.
Lo cierto es que, más allá de estas discrepancias, las mujeres
siguen recurriendo al aborto y, en nuestro país -donde es
ilegal-, muchas son las que mueren por las complicaciones que
se derivan de las prácticas ejercidas en clandestinidad.
Anticonceptivos para decidir y aborto legal para no morir
En Argentina, lejos estamos de las legislaciones más modernas
sobre temas de derechos sexuales y reproductivos.
Mientras, recientemente, el Parlamento Europeo aprobó una
resolución que pide legalizar el aborto en toda la Unión
Europea e incluye la recomendación de que la píldora del día
después se venda sin receta y a precios accesibles, en nuestro
país no existe una legislación nacional sobre la salud sexual
y reproductiva, excepto un proyecto de ley aprobado por la
Cámara del Diputados que aún no fue tratado por el Senado de
la Nación.
Con ásperos debates y manifestaciones contrarias de la
Iglesia, se pudieron aprobar algunas leyes de salud
reproductiva en nueve provincias, pero aún en esos casos
existe un alto grado de ineficacia en la implementación de
estas normas, por falta de voluntad y de presupuesto.
Los anticonceptivos tienen un alto costo que jamás se
considera a la hora de evaluar la canasta familiar. Pero, no
son sólo razones económicas las que impiden el acceso de las
mujeres de sectores populares a los métodos anticonceptivos.
Muchas veces, una arraigada ideología machista -propiciada por
la Iglesia, los medios de comunicación y la tradición
familiar- es portadora de la idea de que la mujer es una
propiedad del varón y esto se expresa, entre otros, en el
terreno de los afectos, la sexualidad y la reproducción.
Todas estas dificultades para el acceso a los métodos
anticonceptivos -falta de educación sexual, relaciones
opresoras, problemas económicos- son algunas de las razones
que conducen a la práctica del aborto en condiciones de
clandestinidad, que en Argentina alcanza la cifra de 500.000
al año. Esta es una de las principales causas de mortalidad
materna, llegando al 39% de los casos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que de los
50 millones de abortos que se efectúan anualmente en el mundo,
alrededor de 20 millones se producen en condiciones inseguras.
Lo que conlleva no sólo a la muerte, sino también a las
hospitalizaciones por infecciones, hemorragias, esterilidad,
enfermedad pélvica inflamatoria (EPI), perforación uterina y
otras consecuencias derivadas de las prácticas clandestinas.
Según una especialista en salud: 'Los abortos incompletos son
el diagnóstico más común cuando las mujeres son admitidas en
los hospitales públicos, con fuertes hemorragias e infecciones
post aborto, causadas por la retención de restos de placenta o
por alguna lesión producida en el cuerpo uterino.'
Los testimonios siempre son similares: 'Fui a lo de una señora
que me dijo que era enfermera, me la recomendó la señora de mi
primo, me puso una sonda, pero al sacármela seguía con
hemorragia y no se desprendía... yo no soy amante de ir al
médico, para interrumpirlo tenía que hacerme un raspaje con un
médico, pero me salía mucho. Al hospital no se me ocurrió ir
porque ahí no lo hacen. Pero como seguía con las hemorragias
fui al (hospital) Posadas, ahí estuve internada una semana, me
hicieron un raspaje y me dijeron que no me hiciera más lo que
me había hecho. Yo le dije al médico que me había caído, pero
creo que se dieron cuenta igual.'
Cada minuto, 40 mujeres en el mundo tienen un aborto en
condiciones de riesgos que serían evitables si se legalizara
esta práctica y se accediera al aborto libre y gratuito en
condiciones de salubridad e higiene, en los hospitales
públicos, como sucede en casi todos los países del primer
mundo.
Asunto de mujeres, asunto de clase
Suena paradójico, pero lo cierto es que los que más opinan -y
en contra- del aborto son varones. Mientras nosotras somos las
que quedamos embarazadas, las que debemos hacernos cargo de la
crianza de los hijos y también las víctimas del abuso y las
violaciones, la decisión de interrumpir el embarazo nunca es
atributo exclusivo de las principales interesadas.
Así lo demuestra este testimonio: 'Fui a lo de la partera que
me dijo mi cuñada y me colocó una sonda y volví a mi casa a
descansar hasta que saliera, pero como no salía me impacienté
y me fui muy rápido de vuelta, y me puso sobre un tacho con
agua hirviendo, con vapor, ahí me senté. Y se ve que como me
apuré me hizo mal, sufrí mucho dolor, y mi marido después no
quiso saber nada de hacerme otra vez, fue terrible esa vez...
no pensé en un médico porque me iba a retar, se iba a enojar
conmigo, porque como yo no quería tenerlo... ellos no son para
esas cosas, creen que siempre está bien tener, total...'
Ellos se oponen, empezando por el Papa y los curas, hasta los
jueces de nuestra Suprema Corte de (In)justicia, pasando por
los políticos y algunos médicos.
Las mujeres estamos condenadas a morir, condenadas a penas de
prisión y condenadas moralmente por la sociedad cuando
recurrimos a los abortos clandestinos, mientras callamos este
tema por temor, por la vergüenza que nos enseñaron que
debíamos tener.
Pero estas instituciones contrarias al aborto, mientras tanto,
sostienen una doble moral que se podría resumir en 'haz lo que
yo digo, pero no lo que yo hago'.
El Papa, en febrero, pidió el reconocimiento jurídico del
embrión humano 'sobre todo en su derecho fundamental a la
vida'. Pero, mientras tanto, llueven las denuncias contra
sacerdotes que abusan de niños y adolescentes, de monjas
violadas y obligadas a abortar para guardar la imagen de la
sacrosanta Iglesia, entre tantas otras barbaridades que los
hombres del Señor guardan secretamente en el confesionario.
La hipocresía no sólo es privativa de la Iglesia.
Recientemente, Duhalde le envió una carta al Papa en la que,
además de pedirle que rece por los argentinos (aunque debe
estar seguro de que de ésta no lo salva ni Dios, en caso de
que existiese), agrega: '...desde el comienzo de mi mandato
presidencial, he procurado hacer valer los principios más
sagrados que se derivan de esa dignidad, en especial la
protección de la vida desde el momento de la concepción...' De
lo que parece que se olvidó rápidamente el 26 de junio, cuando
su gobierno asesinó a dos jóvenes piqueteros.
Lo mismo sucede con los jueces, que cargan sobre sus espaldas
el repudio del pueblo por sus lazos con la corrupción y otros
delitos y que, sin embargo, se dan el lujo de prohibir una
pastilla que la OMS recomienda para los casos de
anticoncepción de emergencia.
Las monjas, las esposas y las hijas de los jueces y políticos
acceden a abortos en condiciones de asepsia y seguridad.
También pueden hacerlo otras mujeres, incluso muchas de clase
media que conocen los lugares donde se pueden practicar un
aborto por cifras que van de los $ 400 a los $ 2000, con
médicos, anestesistas y monitoreo cardíaco que reducen a cero
los riesgos de cualquier intervención quirúrgica menor.
Entonces ¿quiénes son las mujeres que mueren? Son mujeres
desocupadas, empleadas domésticas, obreras y empleadas con
bajos salarios, las que trabajan en venta ambulante, las de
los barrios pobres, las que se encuentran en situación de
prostitución... La lista es larga, pero esas mujeres son las
mujeres que menos importan a los poderosos: las de la clase
obrera y los sectores populares.
Por eso desde el PTS luchamos por:
· Asesoramiento, educación e información sexual y sobre
métodos anticonceptivos en escuelas, establecimientos y
hospitales sin discriminación de edad, sexo, género,
orientación sexual, estado civil, etnia, clase, etc
· Que los hospitales públicos y los centros de salud
garanticen gratuitamente cualquier método anticonceptivo a
toda persona ante su sola y libre decisión, después de haber
recibido asesoramiento adecuado sobre su eficacia y sus
contraindicaciones.
· Derecho de toda mujer, si así lo deseare, a interrumpir su
embarazo mediante el aborto seguro, libre y gratuito,
realizado en hospitales públicos, garantizando la salud
psicofísica y la dignidad de la solicitante.
Gran parte de la información fue obtenida de RIMA,
www.rimaweb.com.ar
Ramos, Silvina: Aborto, en Ciencia Hoy, Ene 1989
Id.
Ibíd.
La Nación, 04/02/02. El Papa abogó por el derecho del embrión.
La Nación, 20/05/02. El presidente pidió la bendición del
Papa.
Lo que no dicen los curas
La jerarquía católica asegura que la Iglesia siempre defendió
la vida desde la concepción. Pero no es verdad: sólo desde
1869, la Iglesia se opone al aborto estrictamente.
En sus 2000 años de historia, ha habido numerosos debates para
definir en qué momento un embrión en desarrollo se convierte
en un ser humano. San Agustín, por ejemplo, planteaba que el
aborto temprano no era un homicidio. La mayoría de los
teólogos opinaban que el aborto no es homicidio en el
principio del embarazo porque entendían que el feto se
transforma en humano en algún momento posterior a la
concepción. Sólo una minoría sostenía lo opuesto.
Pero en 1864 el teólogo Jean Gury introduce la idea de que
matar a un ser humano en potencia es como matar a un ser
humano real, lo que sentó las bases para que, en 1869, el Papa
Pío IX afirmara que cualquier aborto es homicidio. Recién en
1917 esta idea de que existe vida humana inmediatamente
después de la concepción recibió el apoyo del nuevo Código de
Ley Canónica. Llamativamente, esta disposición se establece al
mismo tiempo que la Revolución Rusa otorgaba el derecho al
aborto libre y gratuito a todas las mujeres de la ex - Unión
Soviética, por primera vez en el mundo.
Sin embargo, lo que es más llamativo es que la misma Iglesia
que considera la vida desde la concepción, casi nunca bautiza
ni ofrece misas de difuntos para los niños que nacen muertos
al término de un embarazo.
La información corresponde al libro La historia de las ideas
sobre el aborto en la Iglesia Católica, lo que no fue contado,
de Jane Hurst y publicado en 1992 por Católicas por el Derecho
a Decidir.
© 2002 Andrea D'Atri.
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina.
URL de este archivo:
http://www.rimaweb.com.ar/aborto/28_septiembre/aborto_adatri.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 28 de septiembre 2002.
Puede reproducirse en internet citando la fuente y/o
directamente linkeando a la dirección antedicha. Para
publicación en papel por favor comunicarse con la autora o el
autor.
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